martes, 23 de noviembre de 2010

A VECES LOS DÍAS EN CÁMARA DIGITAL

Las fotografías siempre están a la altura de las pesadillas.
Antes, Bastaba la risa, el ojo frente al destello del hallazgo.
Ahora, los días Son diferentes:
—el cielo nos acaricia con tantas estrellas de cine.
Imágenes en blanco y negro





A VECES LOS DÍAS EN CÁMARA DIGITAL




Sepan que estoy viviendo, nubes, sepan que canto,
bajo la gloria confusa de la tarde, solitario.
JAVIER SOLOGUREN




Las fotografías siempre están a la altura de las pesadillas. Antes, Bastaba la risa, el ojo frente al destello del hallazgo. Ahora, los días Son diferentes: —el cielo nos acaricia con tantas estrellas de cine. Las certezas nunca las explica un enigma, ni la naturaleza es transparente en la desnudez. Lo obsceno siempre es una alegría deliciosa: mirarnos después en la ancianidad rabiosa del blanco y negro, en el orgasmo como suma de claveles, en la rama de canela como un navío de olores. Ejecutamos begonias frotando nuestras manos. Se alisan los cabellos hasta el cuelo: el único traje, es la vestidura del vértigo, el jadeo del vértice galopante del esplendor al momento que el azúcar se hace explícita en el tiempo del latido de los frutos: tuyos y míos. Un rap nos viene bien, un jazz, un blues, para andar la arboleda del humo milagroso: el sudor que resbala como un alambique en la superficie de un espejo. Nos subvierte la sagrada familia de la imagen, el labio encalado del deseo. Ay, el abismo del instante. Sólo cierto en la mordida de la llama, en la puerta del clic inesperado. Respiramos la añoranza de lo visible, el obediente gesto de acercarnos al orgasmo, —uno y otro, alojado en la retina, asomando las palabras en la boca, comiendo del árbol levantado del balbuceo. Uno y otro habitando las abejas, la cincuya galopante del relincho, la sandía partida como un rezo en la lengua, la sombra después, del aliciente: la luz de la explosión en el pensamiento. Ay, este petardo de deseos en todo el cuerpo: este ahora enajenado de principio de mundo, este ventanal constante de lluvia, esta estética de potros de esperma. Este hormigueo en la boca como un suculento consomé de balcones y cornisas. A veces los días, así, nos conmueven y nos meten a la plaza mayor de la cópula. Toda nuestra materia es Lázaro en el espejo de los puntos cardinales.

Barataria, 23.XI.2010

lunes, 22 de noviembre de 2010

EL FUEGO BAJO LOS PÁRPADOS

El fuego bajo los párpados es la lámpara del vigía. Cuando los techos
Acumulan tierra húmeda, hay necesidad de fecundar las palabras.
De todas formas, la respiración es un plato de comida desahuciada
Por la sangre hecha añicos en el cerebro.
Imágenes gratis





EL FUEGO BAJO LOS PÁRPADOS




la vida se agita
y arde la ciudad
y el cielo se diluye en agua,
y tu pluma punza el corazón de la vida.
ANTONIN ARTAUD




El fuego bajo los párpados es la lámpara del vigía. Cuando los techos
Acumulan tierra húmeda, hay necesidad de fecundar las palabras.
De todas formas, la respiración es un plato de comida desahuciada
Por la sangre hecha añicos en el cerebro.
Del ombligo de ella cuelgan relojes de peces: peces coagulados,
Peces como gelatina derramada en los encajes,
En cuyas líneas se hacen añicos los poros de las guitarras.
La flama del fuego se hace nudo en los párpados.
(A menudo en el vientre, sostienes, todo el chorro de espejos que baja
Del cielo. Tu montaña atraviesa toda la leche contenida en el ocote,
En los cuatro costados del fuego blanco del sexo.
El tiempo roe las trompetas de las reses. Nace la neblina salobre
En los cuadernos de los pezones: en tus pezones decididos
A las furias. A veces nos distrae el picoteo de la herida,
La incertidumbre del campanario,
Los faros mojados de la tristeza, la condición de mortales sin excusas.
Creo que debemos andar sobre nuevas sábanas. Las que nos cubrieron
En principio, son ahora cenizas,
O desalentado rescoldo de tantos recuerdos malogrados.
—Nuestra cura es peor que los días olvidados en las heces.
Los párpados ya son camisa de fuerza para las llaves del albedrío.
Desde lo inexorable nos muerde la piedra del sueño, las calles
Huesudas del sonido, el puño escupido en la saliva, el hedor
De los repollos, el smog del primer hervor de las vísceras,
Los días que vivimos sin banderas, —anónimas identidades en medio
Del fuego secular de tanta boca.
Nadie nos abrigó en la desdicha: tuvimos por compañía el zumbido
Del hacha, la deshora cundida de esqueletos.)
¿Con qué armadura detenemos el fogonazo que nos parte en dos
Mitades; la tijera que nos sucede; la oscuridad que nos apunta
Con sus desenfrenados cuervos? —Más allá del fuego en los párpados,
La espina seca de la soledad arrecia, asume la muerte sin descanso,
Oficia de centinela en los violines del frío.
Más allá del caos de la escoria en los párpados, cuarenta noches
Son pocas para revertir el sueño, para darle trenes al calendario,
Para empujar los sombreros del reloj.
Más allá de los ovarios eminentes de la paciencia, el tiempo nos cuesta
Rascacielos de luciérnagas, y hasta la propia vida
Que de pronto padece de cataratas…

Barataria, 21.XI.2010

domingo, 21 de noviembre de 2010

POSIBILIDAD DEL HORIZONTE

Cuando todo es frágil, dudo de la posibilidad del horizonte.
La lejanía siempre está cargada de suspiros. Hay caminos de lava
Derramados alrededor de los túneles de la sangre.
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POSIBILIDAD DEL HORIZONTE




Para picotear sobre mi fría palma
bajan aleteando las estrellas…
JOSÉ MARÍA HINOJOSA




Cuando todo es frágil, dudo de la posibilidad del horizonte.
La lejanía siempre está cargada de suspiros. Hay caminos de lava
Derramados alrededor de los túneles de la sangre.
(No somos inevitables a los clavos, ni al espantapájaros
Disfrazado de espejo, ni a las monedas ebrias que brotan del sueño.
¿Qué perdura de nosotros después de tanta vigilia,
De tantos afrodisíacos metafísicos
Sobre el césped de estos días extraños, presentes de puños
Donde caen los racimos del grito, la sorda lápida sobre el prisma
De los profano? —Quizá nunca sepamos qué horizontes nos son
Benignos, qué vulnerables somos con nuestras alas, qué murallas
De símbolos nos quitan el hambre,
Qué noche nos espera en el quirófano.
Vos y yo alzados con nuestro grito. Morimos rotos en la nostalgia.
Cada acera es un silencio alucinante. Ver las posibilidades
Es saltar desnudos sobre el páramo. La sedición nos muerde
Con su calendario cansado. Ahora mismo renuncio a la carcajada
Para adentrarme a ese río blanco de lunas, —a ese esplendor
De libro abierto a múltiples posibilidades.
En algún sitio del pecho, el prisma del fuego nos alumbra.
En dicho arcano nos llenamos de bocas prometidas.
Nada es extraño a juzgar por la pulsación de la sangre.
La luz no es cuestión de misterio, sino el contrapeso a la neblina,
A la oscuridad, a la ceniza, al hollín de los tabancos.
Los pensamientos bajan como monedas a los pies; los juegos
Sonámbulos hablan del entresueño, la agonía del papel y la tinta
Entreabierta de la vigilia: —las aguas jamás amanecidas en las sienes.
Andamos siempre, por cierto, en lo relativo de las viejas preguntas:
En la hoja de la estampida,
En la claridad silenciosa, leve de los vilanos.)

Voy sin embargo, entre tanta oscuridad, reptando en el alba.
Vos no dormís, de pronto, pensando en los días futuros; yo sólo
Hago recuento, de las semillas contenidas en el universo de mis sueños.
Y me doy cuenta que todo mundo cabe en el cuenco de mis manos,
En una palabra, en un armario, en una cama sin sábanas,
En una mesa con comensales, en la respiración, en el sol sobre
Los hombros. Nos hace falta el perro que ladre en lo oscuro para
Atisbar las sombras. Nos hace falta una almohada de hormigas
Para no perder los días colectivos.
Nos debemos todo el ayer y el presente. El horizonte es un espejo
Cercano a las palabras que pronunciamos en la espuma…

Barataria, 20.XI.2010

sábado, 20 de noviembre de 2010

DE LO INVISIBLE A LA PUERTA

A veces la página tiene forma de nostalgia, de lágrima o viento.
Es evidente el pájaro que sale de la penumbra. Las ausencias
Que nombran rostros, las horas que se hospedan en los ojos.
El poema es posible cuando el hambre acecha, —cuando la puerta
Aprieta los naufragios,
Cuando apremia el agua circular del mundo.


DE LO INVISIBLE A LA PUERTA




Cántaro de barro.
Cántaro de barro con el que creció la mano del alfarero.
Cántaro de barro que cerró para siempre la mano de una sombra.
Cántaro de barro con el sello de la sombra.
PAUL CELAN




A veces la página tiene forma de nostalgia, de lágrima o viento.
Es evidente el pájaro que sale de la penumbra. Las ausencias
Que nombran rostros, las horas que se hospedan en los ojos.
El poema es posible cuando el hambre acecha, —cuando la puerta
Aprieta los naufragios,
Cuando apremia el agua circular del mundo.
En una y otra mano los días guardan equilibrio. La inmensidad
Siempre perdura en lo eterno, el acontecer del espejo siempre
Es presente con la complicidad de lo que, de pronto, no se puede
Explicar, por el simple espesor de la almohada o la noche.
En los nichos crece el silencio como una lámpara.
En el abanico de la flama hay una ciudad de sueños:
Ondea el suspiro un alto sol de desnudos besos. Una atalaya
Mojada de lejanía. Dos bocas dolientes de fuego.
El poema es así: crecen las palabras como miel derramada;
La tinta moja la página hasta convertirla en espejo,
Hasta crepitar el viento sobre las piedras.
Uno le ríe a la enredadera de los relámpagos: a la carne, el párpado,
Las axilas, al tacto que nos queda después de tocar el deseo.
Del cuerpo pasamos a la victoria del ala, al firmamento del rocío.
Siempre la desnudez es un grito de azúcar en los ojos.
De la noche al día, los litorales traspasan el paraguas del cielo.
Sobre la sábana se tiende la lejanía: la boca del poema en la propia
Clarividencia, del beso, del seno o del hálito.
(Hoy nos gozamos de la pira tendida en el aire: —de esa generosa
Claridad del suspiro, cuando el mundo se hunde en los cansancios,
Cuando la tarde aclarece como el trompo de un niño,
Y burbujean de verdor las bocas.
El poema está ahí, —en el puerto del ansia, en los muelles de la sed,
En la sabiduría del dolor,
En el jadeo cadencioso de la alegría, en las semillas,
En los símbolos de la voz, cuando ésta enciende el hondo mar
Del cuerpo. Allí deshicimos los témpanos a fuerza de perseverancia.
Cuando salimos de lo invisible, de lo oscuro,
El ciprés nos dio su desván de olfato, el salero nuevo de la palabra,
El destello de dos cuerpos convocados: la tinta y el papel
Como grandes piernas entrecruzadas sobre el horizonte…)

Barataria, 19.XI.2010

viernes, 19 de noviembre de 2010

INSOMNIO DE LA REALIDAD

La realidad dibuja nuestros insomnios a la altura de la cabeza.
Abre ciudades mudas, instantes de cansados ojos.
Mudos vamos sobre la noche de la herida, entre muebles de dudosa
Procedencia, entre abanicos que cubren fotografías del pretérito.
Muerdo el perfume desteñido de las sombras, las verjas oscuras
De los ojos cuando prolongan el rompecabezas de los cabellos.
Hay realidades desleídas en el grito del pecho.
Imagen gratis





INSOMNIO DE LA REALIDAD




Las habitaciones son las mismas
con los mismos muebles y los mismos cuadros y no obstante
no era así, no era esto, fotografías antiguas en lugar de mi madre,
de mi padre,…
ANTÓNIO LOBO ANTUNES




La realidad dibuja nuestros insomnios a la altura de la cabeza.
Abre ciudades mudas, instantes de cansados ojos.
Mudos vamos sobre la noche de la herida, entre muebles de dudosa
Procedencia, entre abanicos que cubren fotografías del pretérito.
Muerdo el perfume desteñido de las sombras, las verjas oscuras
De los ojos cuando prolongan el rompecabezas de los cabellos.
Hay realidades desleídas en el grito del pecho.
Hay una sola realidad que recorre el infinito: el insomnio con sus
Escarabajos diurnos, los sobrenombres limpiando el aire, el rábano
Yodado para quitar las manchas de la piel y los analgésicos a base
De yerbas. Soy sólo una larga vigilia oculta en anteojos para evitar el sol.
El remedo sigue aquí, puntual, como los relojes.
Se juega al amor de manera peligrosa; crujen los cartílagos
De la indolencia; supura extraños líquidos la pústula.
Es casi imposible lavar los calcetines y dormir próximos al fuego.
En vez de afirmaciones, me niega la asfixia y el respiro de otros.
La luz está yerta entre vasijas devastadas por el caos; rota la mesa;
Inesperado el disimulo y la torpeza.
Nos asedia la ponzoña vestida de turgencia.
De una lengua gimiente, pasamos al ojo avaro del descrédito.
Nadie me habló de la obsesión diurna de los silogismos, ni de la arena
Salobre de algunas respiraciones en penuria.
Lo cierto es que salen a la calle los que duermen sótanos; los perdigones
De la ficción muerden las vísceras.
—(El patetismo es atroz en una época punzante, aunque siempre
Ha estado ahí, el mantel quemado en los resquicios,
La boca a oscuras en el mapa sin brújula, el camino de polvo
Donde se pierden los sueños, la luz que de pronto es rama seca.
Lfuegos trasegados nos devoran hasta las ingles;
El lecho sangra con su hervor de crujidos,
El filo del reloj corta los horarios, impregna su conciencia hiriente.
De pronto vivir es encontrarse con la impaciencia del sepia,
Con las uñas largas del juego de naipes o dados,
Con la doble mejilla masticada,
Con el césped adelgazado por los sentidos,
Con las aristas del agua al punto del mediodía,
Con el fluir de las máscaras, ausente de todo rostro conocible,
Con el yogur de los extraños contrastes de las semillas,
Con el inasible vuelo, respirable en la hoguera de lo oscuro.)

Barataria, 18.XI.2010