lunes, 1 de septiembre de 2014

PARAÍSOS

Imagen cogida de la red




PARAÍSOS




La única existencia posible es soñar con el Paraíso.  Ante el medioluto cotidiano
de las semillas, el suicido como el grito amarillo del jengibre.
(Siempre llueve en la turbulencia del vómito. ¿Hay que aprender de memoria
la paciencia? ¿Respiramos en la ganancia de las idolatrías? Dentro de la grúa
de los tropezones, la sospecha de la complicidad, la sal centrífuga
de los vástagos, el suspiro en el grito de jeringas, la otra mejilla sin pañuelo.)
—En el callejón de estos minutos edificados es obvia la extravagancia
de la maledicencia; zumba la liebre de los abanicos, el absoluto nos señala
con su dedo índice la armazón fúnebre de las noticias.
—Por cierto, nada tenemos. Si acaso el desdén mojándonos los calcañales.
Después los impasibles juramentos en el lecho de muerte.
Después la sombra ecuménica de la almohada y las cucharas.
Después los cargos de conciencia a contratiempo, lo innombrable que resulta
el espejo a la hora de la muerte.
¿Es imposible la vida cuando husmea el estrago de los sueños? (Haré la siesta
cínicamente, por si acaso, abusando de lo dispuesto por el cielo.)
Barataria, 31.VIII.2014