lunes, 10 de diciembre de 2018

FLAUTA MORTUORIA

Imagen cogida de la red






FLAUTA MORTUORIA




A fuego lento la flauta mortuoria de los jardines y también la rosa de la herida en el basalto. Son nada los dientes de polvo de este cansancio, el rincón del tiempo terrible de fotografías, los columpios de entonces sin artificios, pese a lo innumerable de la intemperie. Afuera, los esqueletos vacíos de los ojos y su bostezo de candil mortuorio. Maduran los pájaros en el dintel de la puerta: vuelan lentos, muy lentos, los espejos arrugados de la desnudez, a veces las puertas y sus incrédulas cerraduras. A veces tus pechos de sedienta fuga. (Duermo debajo del sórdido árbol de la memoria, entre la oscuridad que desuella la carne. Grita la ceniza ahogada en mi garganta; en medio del reguero de la hojarasca, las calles negras de los parques y el mar desgajado en una lágrima.) Ayer, la infancia; hoy, el aguacero de la edad y sus ecos.

Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

domingo, 2 de diciembre de 2018

EXISTENCIA CEDIDA

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EXISTENCIA CEDIDA




Todo te lo llevas: mar, cielo, tierra, fuego e infinito. Todo. Sólo la desnudez me queda como un tragaluz ilusorio en medio del moho de los balcones.


 Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

jueves, 29 de noviembre de 2018

LACERACIONES

© Pintura Jackson Pollock





LACERACIONES




Mirada ansiosa de rescoldo de golondrina
sonrisa apuñalada
laceración aguzada de la sangre
la araña saca el hilo de una arruga:
toda la vergüenza bebida en el respiradero de una boca.
Jacques Roumain




Callado ya, el claustro viejo de mi carne. Los sueños mutilados. Callada ya, mi sombra, frente a la sombra del humo. Con el atardecer los viejos durmientes enmohecidos. La luz secreta de los pañuelos. El corazón con su adiós mortuorio. Hay sucesivos túneles en la sed de mis ojos. En cada página escrita circula la tinta de diferentes rostros. Ahora quito las monedas que nunca tuve en mi bolsillo. Las espátulas del tiempo maceran mis recuerdos. Mis anhelos. Braman largas trenzas de ceniza en el resuello, gangosas vértebras del aullido, rotas las vísceras de las distancias.

 —Dejo entre mis tiliches, húmedos moluscos, vientos que la sangre no pudo olvidar. Doy cuenta de las criptas que siempre fueron mis lámparas, del Karma solar de mis sienes. Doy cuenta de las sombras. Hay tanto que decir después que “todo lo mira el ojo de la conciencia”, después del ventarrón en las sienes. Después de callar, todos los muertos. Después de haber muerto tantas veces. Después de madurar en los arcanos. En mí se apuñaron senderos de musgo. Guijarros de dudosa lava. En mí, diademas de polvo en las palabras. —“Y no hallo un solo misterio innumerable”, más que los pespuntes de ciertos balbuceos. Aún con horizontes azarosos, me urge la madera. Desciendo con la urgencia del que trilla mausoleos. Cierro las ventanas. Preparo el olvido. Apago el ciempiés de mi saliva. Germina el ijillo comprimido en los cirios.


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga
© Pintura Jackson Pollock

viernes, 2 de noviembre de 2018

DESATINO

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DESATINO




Tiempo ya que ignoraba (…) las aguas y el brillo de los peces.
Antonio Cisneros




Temblorosas las manos, se abren a las aguas subterráneas donde los peces de piedra pómez, rozan el cemento. Siempre ha sido el desatino un espejo atravesando el barro: sólo una gota de inocencia es posible para ver la luz secreta de los féretros. Lo demás, son los residuos de los caminos desahuciados debajo del aliento. (En aquella embriaguez, nos mordió el filo de la sangre para luego perdernos en el eco sordo del pantano.)

Por si acaso, me cuido de los acantilados y del claroscuro fósil de los espejismos.

Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

jueves, 1 de noviembre de 2018

EMBRIAGUEZ NUEVA

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EMBRIAGUEZ NUEVA




Ahora, sin más oscuridad, me baño en aguas claras: dejo el traje de los desasosiegos porque el río descubierto me colma de otra embriaguez. En el fuego del pecho arde el arco iris. (Avanzan, ciegos, los ojos de luz de ultramar inagotable.) Uno siempre reescribe con alguna prórroga, los calendarios que habitan la memoria.

En el párpado del río, las venas lavadas del viento y este aliento apretado del fuego: ojalá perdure el eco de la mañana y no sea otra ignominia.

Otra fiebre de malagüero que desarraigue los relojes y asfixie el barco del abecedario. (Sólo quiero la percusión de tu ombligo como una lluvia que cabalgue en mi garganta.)


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

miércoles, 24 de octubre de 2018

SÓLO UN PASAJERO

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SÓLO UN PASAJERO




Para mi asombro, los paisajes aburridos del cielo. “Así es la vida, tal como es la vida”, dice César Vallejo. La vida adentro de una jaula susurrándonos al oído, la vida con su ortografía de página en blanco, o en desorden como las mercancías en las calles, o como las calles en concordancia con la mercancía. Es casi seguro que la vida prometida no existe, y a ratos resultan incómodas las almas tristes de las calles, el césped alrededor de las pilas bautismales, la gota de sangre en el ojal de las costurerías, los tropiezos encanecidos de la carne, las vitrinas asmáticas de los montepíos, ese mundo del prójimo con deseos ahorcados, el sol degollado en el último aullido del perro doméstico.

—“…voces humanas nos despiertan, y nos ahogamos.”, según Eliot. En la travesía de la carne, la vida es sólo pensamiento. Todo infierno tiene su propio huerto: juego alrededor de su filo, entre los absolutos y lo desvanescente; entro al muelle y desciendo hasta el último vilano. Así advierto que sólo soy un pasajero más en ese mar de tus brazos. La oscuridad, es mi única certidumbre.

(Supongo que en la carcajada de lo trágico, resucita la gramática; juego a las palabras, en medio de  rieles entumecidos. Sangra la demasía de mi sombra como un semoviviente en el matadero.)

Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga
©Imagen Pinterest

miércoles, 17 de octubre de 2018

RETORNO ERRANTE

©Pintura Isaac Levitan




RETORNO ERRANTE




Vuelves y nunca alcanzas la lluvia, tampoco lo que se anticipa y transcurre. Cuchillo de la noche el esplendor de la deriva, el candil que devora los nombres amortajados. Todo está sitiado y ya no quedan interlocutores, ni aquel primer momento de errores y herejías, salvo el devocionario cáustico de encarnar los fuegos del azar. (Duele caminar llevando la voz ciega, llamando lo que ya está desleído, los brazos marchitos, sin enderezarse.)

Vuelves y ya no hay nadie en la casa, sino el dolor; regresas y ya no hay cama, ni paredes, ni amor, ni esperanza: sólo alfileres y calambres y alas endurecidas.

(Te asomas a lo incomprensible e inaudito; ves el tren de los años en una lágrima: al final del precipicio, el aliento recoge los pedacitos insomnes del deseo. En todas las horas imaginables, el centelleo incesante del frío, borrada cualquier sombra en la travesía.)

Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga
©Pintura Isaac Levitan

lunes, 15 de octubre de 2018

DECLIVE DE LOS ESPEJOS

Imagen Pinterest






DECLIVE DE LOS ESPEJOS




Deshecho el tejado, bajan las goteras hasta el alma: las ropas húmedas fermentan cada uno de los huesos que conozco, cada una de las razones que desencadenan la lluvia. Entre múltiples sarcófagos, los pies hundidos en las ojeras de la tierra, la piedra de bruces sobre la boca, la levadura que huye de mi sombra. (Tiemblan, sin embargo, tus senos en la altura de la primavera, en la impaciencia de cada rostro efímero. Al ras del suelo la carroña de las poluciones, la ofrenda de ceniza en los pavimentos, el ombligo anticipado del surco final.)

He visto el dolor desnudo de los peces tropezando con el gemido de las heridas que nunca olvidan los bisturís. He visto la sombra de los perros que muerden el vacío.

En la desventura de la pupila enrollada en salmuera, el guijarro inmóvil, como un rebaño de tropeles ciegos, sin rumbo y sentido tal las banderas desolladas por la intemperie.

Todo se desvanece en la sangre del silencio: en la anatomía de los alacranes, la historia podrida con su lascivo aroma de ajetreo en celo. Ante cada mordisco, la piel desmoronada y su asfixia.


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

miércoles, 3 de octubre de 2018

MUTILACIONES

Imagen cogida de la red





MUTILACIONES




Domésticos ya los ataúdes, surgen los cuchillos petrificados del sollozo, el metal de la indiferencia con sus días inhábiles, y este parpadeo crecido en la bruma roja de los bisturís. (Nunca supe si volverías mutante en medio del polvo, o si la piedra era sólo parte del conjuro avieso de las resignaciones. O si la desnudez desplomada sustituía las sombras clavadas en el tórax.)

Veo carcomidos los huesos del invierno, ácida la pústula ciega de las palabras, fermentados de desierto los ijares, fenecidas las etimologías del vértigo.

Autómata en la degradación de las horas, el humo hace más oscura la demencia. Entre tus muslos la azotea indescifrable de las carnicerías, los estados inciertos de la escritura en la calle, los montepíos hechos de deshoras.

Ante el cascajo venerable de las ventanas,  sólo el arca, y algunos lugares subvertidos. Aquellas mutilaciones omnipresentes en las carpinterías.


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

martes, 2 de octubre de 2018

PASMO

Imagen FB de Pere Bessó





PASMO




En la rosa de madera de los jardines, el pasmo apretado entre las piedras. La sed se repliega a los juegos de la memoria: aquella fuente apretada entre mis manos, ya no lo es, ni siquiera los pájaros degradados de la conciencia, ni las bisuterías del mundo que bostezan en el imaginario de los candelabros. (Cada vez partimos sin dejar de lado la orfandad infame y las lámparas ciegas del desarraigo. Nada nuevo hay en la entraña de la ventana, salvo ese goteo permanente de la gramática de la infancia.)

Se hinchan los pies, salpicados de trenes inefables. La luz es polvo en el horizonte o esa parte del mundo que nunca desemboca. Las calles anochecen petrificadas.

Un puñal medita como animal de antaño en el sexo transpirado de los sueños.

Del libro: “Antípodas del espejo”, 201
©André Cruchaga

lunes, 1 de octubre de 2018

MURO A OSCURAS

Pere Bessó






MURO A OSCURAS



A Pere Bessó




En la luz del pecho, las mil batallas del viento. El horizonte que se alza como interpelando los sentidos. Nunca acaba la sed de los espejos, ni la sal derretida en el pañuelo: llevamos incendios congelados en los hombros y sangre de carnicerías endémicas. Danza la desnudez sobre la piedra que medra en las depredaciones. Después de todo, el muro de la llaga es lenta agonía, río de interminables cadenas, altar vencido en el ojo del buitre. El bulto de la noche me despoja de los vitrales: y así, a oscuras, la memoria. Nada más fiero que leer la brasa cuando se desangra sin saber que el grito muerde la deshora. Y volver al caos de la rosa incolora una y otra vez…


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

domingo, 30 de septiembre de 2018

HÉCUBA

Pintura de Giuseppe Maria Crespi





HÉCUBA



A Alcira Teresa Luppi Hang



Se desangran los relojes en la sombra de las acuarelas animadas. Hacia lo discontinuo los vacíos que deja el zigzagueo. (Uno sabe que hay sueños premonitorios como la antorcha de fuego del presagio y sombras que enturbian la clarividencia. Hay universos destruidos como los hijos errantes de la patria, como las inclemencias que marcan la suerte de la historia.)

No hay más metamorfosis que los pueblos destruidos y las madres de mayo que sin retroceder caminan en el desierto. En el mar, las aguas fúnebres y la victoria ciega del desquicio. Sacrificada la progenie, la demencia de los candelabros sobre la tumba de Aquiles.

En el paisaje líquido, emigra el tiempo, mientras el aire suena sombrío y agudo. (En nuestras comarcas, todos los días son hábiles para los deicidios: hay vértigos insaciables e irreversibles como los pulmones sajados en las voces que claman)…

Después de todo, uno sueña. Sueña en la libertad, entonces, aun en medio de la bruma.

Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga
Barataria, 28.09.2018
Pintura Giuseppe Maria Crespi








viernes, 28 de septiembre de 2018

NAUSÍCAA






NAUSÍCAA



A Elena Muñoz de Latorre




¿Cómo cantar los meses líquidos de los ojos en el alhelí hondo de la tarde? —Quizás, Nausícaa, en el litoral de los naufragios, haga que ya no zozobren las fogatas del mar. (No hay reposo en el tiempo, sino aguas cósmicas desplomándose, o sordos salmos en lo pétreo de la noche. En cada mar secreto, hay naves que tocan las cornisas de las profundidades: ahí expiran las luciérnagas azules hasta roer el pecho.)

En la pulcritud absuelta de las aguas, no hay crematorios ni puñales, sino la absoluta lumbre del rapto, jamás la depredación sino la cosmogonía de los vitrales.

Ante el mar, sólo la memoria y el murmullo de Ítaca, insondable laberinto de regresos y sudarios. A mitad de la luz, la armonía frágil en la vigilia y las sombras, son estruendos furtivos.

En los aleros del sinfín, todo nos mira con el sigilo flotante de las mareas: una desnudez de sangre fulgura irredenta sobre las aguas. También el destino tiene nombre de destierro y sordas rocas de rapsodia.


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

jueves, 27 de septiembre de 2018

ALTA FLAMA

Elena Cristina Toader, poeta 
(Fotografía tomada de su muro)






ALTA FLAMA



Pentru Elena Cristina Toader




En la ebriedad, sólo el vuelo es capaz de transfigurarse: cada espacio materializa el tiempo de los pálpitos. ¿Es la claridad de los espejos o los jardines, la vía para deambular en los vértigos del azúcar? —Uno quema los ojos en el arrebato y clama por la brasa de la carne, esa rosa del viento de los sueños. Ese asombro que baña los inviernos.

En algún lugar, la luz es omnipresente como el infinito fuego de lo respirable. Me asomo a la vida y miro el pez de las raíces, el viento que grita en la sangre.

Al clamor de los espejos, esta dulce tortura de dibujar arados para el surco. O pájaros o campanas que recuerden el nombre del poniente. En el haz precipitado de la lluvia los pezones memorables de la fábula y este roce del abecedario.

A fin de cuentas, todo es destino. Y huella obediente de la tea. Desde el escalofrío, los flancos del ombligo en mi lengua.



Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga
Barataria, 27.09.2018

lunes, 24 de septiembre de 2018

ESTADO DE PARANOIAS

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ESTADO DE PARANOIAS




Se levantan grietas o hendiduras como murallas y hay perros que se asoman a las pocas lluvias que caen: mientras duermo alguien desembarca en la otra orilla de los litorales. Al final, el Hades puede volvernos a los viejos miedos, a la ropa interior licuada, o a las estepas disecadas del hedor. (Ahora necesito un almanaque para ver hacia dónde va la primavera, las moscas sobre el pan y los laberintos develados del viento.)

Toda la alegría ha sido robada en pleno mediodía por la ira y la duda. Entre las altas soledades de la ciudad, uno mira, asustado, la luz ciega que se deshoja desterrada del árbol.

Anochece en el cenicero de los dioses. Contra las aceras oxidadas, los amarillos que cruzan los estragos de las sombras. (Al límite de lo vívido, alguien respira, todavía.)

Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

miércoles, 19 de septiembre de 2018

INTIMIDAD DE LA ESCARCHA

Imagen de la red






INTIMIDAD DE LA ESCARCHA




Poco queda en el hueso de las palabras, en el depósito amontonado de los días, en las aguas del cordero de una lágrima, en la bandera ennegrecida y mórbida, en las madrugadas vacías de los párpados. (Da igual, siempre, leer las punzadas de las noticias de los periódicos, da igual el feto sentenciado a muerte de la libertad: uno vive divorciado, desangrándose, doliéndose sin interrupciones, en estos tiempos circulares del hollín.)

Hemos despertado entre los muertos y escuchado el sermón de las transgresiones: las palabras no dicen nada en los discursos más allá de los zumbidos vibrantes de las aglomeraciones.

—Vos desfallecés desgarrada en mi locura de árbol erguido. Resucitamos mientras lo inmundo nos absorbe e inunda el sostén, o la brasa, proclama su humedad.

Después, nos reímos de lo subterráneo de los resuellos: el hambre, a menudo ilumina lo recóndito.


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

martes, 11 de septiembre de 2018

ZANJA TARDÍA

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ZANJA TARDÍA




Vivir siempre en las catástrofes próximas a las distancias,
morder la aberración de la cruz desde los espejos fríos del pecho,
madurar de golpe frente a la historia del cuerpo,
sin cansarse del orgullo nacional de las peregrinaciones,
o de aquella vagina vencida en mi garganta.
Es imperdonable el amor que nunca lleva a virtud, ni fluye
su despertar en la sombra luminosa del cuerpo.
Ahora nos traicionan los pañuelos, lo abyecto de los candiles
y el hipo del querosene,
y el taller viciado de las uñas sobre la sábana dudosa de los poros.

Llevo en mis sienes la resonancia de las monedas del desuso.
También los brazos sin ninguna epifanía, fermentados de hartos
maullidos y verborrea.

Ahora, estrujado el aliento del azogue e irreconocible la sombra,
me queda, apenas, el tanteo de cavar
como el pájaro carpintero en la madera oscura de lo insuperable.



Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

domingo, 9 de septiembre de 2018

CUERPO

Imagen de la red






CUERPO





Nado en el crujir de tus ausencias: el tren pinta poros verdes; en la travesía, bajo hasta la ensenada de la irrealidad, aúllan los perros en las sombras empedradas, aletea la piel blanca del hambre. El cuerpo alcanza el sofoco de los latidos: deshilvana la bestia el desvarío, (lo que ganan las manos, lo pierden las palabras, la ola en su marcha acoplada, el centelleo del tallo en la lluvia.) Cuando el ojo se desvela en el arbusto, mayor el follaje, los días agolpados en la concavidad del océano. ¿Cuántos inviernos inundan los sentidos? ¿Cuánto mundo vaciando el vaso del fuego, mordiendo el cofre de la tortura? En casa crece el olor de los pinos y la asiduidad del ave de tu ombligo. Crece el rocío en las orillas del reloj…


Del libro: “Sintaxis de la fuga”, 2014
©André Cruchaga

sábado, 8 de septiembre de 2018

LENGUAJE DEL TIEMPO

Cándida Pedersen (Chile-Suecia)





LENGUAJE DEL TIEMPO



A Cándida Pedersen, poeta.




Es la noche de las altas estrellas y la nostalgia, perturba los espejos: a veces las sombras se lanzan sobre la boca y crujen los cofres del mundo. El ojo sediento, iza sus imaginarios de fuegos. (Estamos a merced de la lluvia y los fríos, de los jardines arqueados por la nieve, en fin, de ese profundo grito de las heridas.)

Toda la oscuridad resplandece en la luz efímera del presente. Cada vértigo es un pez mordiendo la garganta, los abrigos y las fronteras. Sobre las sienes, el temblor del infinito, esa llama que horada el entrecejo.

Ahora es preciso quemar las palabras y reunir, finalmente los pájaros del cielo, volar sobre la ermita del pan, aquietar a la noche ciega que de rodillas muerde escapularios.

Transitamos, a veces, sobre calles ahogadas: los latidos acompañan cada puerta inenarrable. Somos inminentes en el espejo de las palabras.


Barataria, 05.09.2018
Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

lunes, 3 de septiembre de 2018

BARCO ANCLADO

Imagen de la red







BARCO ANCLADO



A Alcira Teresa Luppi Hang



Era la madera sola comenzando a ser lo inmóvil, lo invertebrado del riesgo de nunca partir, las aguas flageladas de los paraguas, la lluvia desgarrada del moho, acaso aquel sarcófago, destino fiel de la locura, o el poema muerto que fluye en las palabras. (Sé del ojo que caduca en su propia elocuencia: sé de las manos de ceniza de lo irrestañable y de la soledad que desembarca en los espejos.)

Clausurados los reflectores del murmullo de la proa, los semicírculos cercanos del abandono; el destino que al abrazarnos nos circuncida, casi en secreto, como residuos calcinados de infinito. Sólo nos quedan los costados indescifrables del mundo y la materia perpetua del mar en los ojos.

Dentro de lo soportable, la escritura a ciegas, se nos agolpa, como ese fuego fenecido, ferozmente incendiado.

Al cabo, en el abandono, comienza a transpirar la memoria…

Barataria, 30.08.2018
Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

sábado, 25 de agosto de 2018

SOLEDAD

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SOLEDAD




Y tantos recuerdos que el alma regresa al río de las quemaduras. Y tanto grito que oscurece los espejos. Y tanta penumbra en los brazos, cerraduras ateridas, y tantas hipotéticas cenas en medio del estiércol. (En los relojes se acaban las agujas punzantes de las antípodas.)

A veces es la noche la transparencia de la almohada, o la ficción del abrigo anhelado.

De la soledad, sólo la maleza del abandono y la historia baldía que hurgan los sentidos. (Nadie, después de todo, recordará la última tormenta ni hará acopio de las cobijas trilladas del agua.)


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

lunes, 13 de agosto de 2018

VUELO CIEGO

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VUELO CIEGO




La mudez hace sus ramas en medio del alud de la ceguera. Mañana era sólo un pretexto para fijar fronteras. ¿Quién puede darle vida a la alegría desde la carne triste? —Todo se va en el temblor que auspicia la muerte, en su olor a boca anochecida.

El dolor está hecho, también, de paredes dispuestas al olvido.

(Donde calla la sed, se vuelve imposible caminar. La devora mi olfato. Aunque haya expirado la inocencia, el desvarío hace sus propias pulsaciones. Alrededor, hay tatuajes que se aferran a los tuétanos.)

Del otro lado de tantos muelles degollados, el ala ciega, y visibles los difuntos, las bóvedas laceradas del gemido.

Al final, sólo veo pájaros irreconocibles y la declinación temprana de los parques; sobrevuela el eco desmoronado del viento.

Soy sombra, alarido y memoria: no veo en qué lugar amanece sin ocaso, ni en qué ceniza ha dejado de arder la destrucción.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga

miércoles, 8 de agosto de 2018

TRINCHERA

Imagen cogida de la red





TRINCHERA


A Mary Bell Díaz, poeta.



Ésa es toda la tierra elíptica del suspiro, el brote redondo de tus dedos en la sombra, el mar aprisionado en la gaviota de las ingles, el eco del viento en la arena calcinada.

(Todo es extraño cuando la madera se dilata en el tintero de cristal. Y la guerra se extiende hasta mi muerte. Después forcejeo con mis párpados para que la acritud no llegue hasta las ingles. Todo momento es único, aunque después nos envuelva la nostalgia.)

Siempre una trinchera está hecha de brasas y sombras. De destellos que se afanan en lo inefable.

Existimos en el instante que quiere la memoria. Y ahí se eriza el alfabeto encendido de la embriaguez posible.

Todo el fuego sabe a la audacia de las pulsaciones: la sombra parece un crimen en la ceniza de sangre que se arquea en los sueños.

Ahora es el agua rotunda como el clamor de lo inefable.


De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga