sábado, 23 de junio de 2018

AULLIDOS DEL ABSURDO

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AULLIDOS DEL ABSURDO




Siempre hambrienta la cama entre vocales de fuego: en el andamio de la piel, el sudor carcomido de espejos irreales. Es como si de pronto nadie tuviese conocimiento de nada: aúllan los absurdos lúbricos en el aliento.

Descerrajada la sombra, el fluir del manantial iluminado.

(Con las manos apretadas al pecho, el sonambulismo, ciego, se adentra en las bóvedas como la brisa que gime, derramada, sobre la hoja destejida del árbol.)

En el extravío, nunca faltan los despropósitos de la historia.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga

martes, 19 de junio de 2018

VACÍOS DEL INFIERNO

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VACÍOS DEL INFIERNO




Frente a los vacíos hundidos en el pulgar de mi mano, los demonios zumban en su infierno. Mientras, el pájaro de ceniza picotea los techos de zinc atrapados por el ojo. De la espina del aliento, el ruido ilimitado de la zoología. (Uno siempre piensa en la concavidad y monotonía de los escarabajos.)

jueves, 14 de junio de 2018

LOZA

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LOZA




Para calmar la sed, aquel cántaro tangible entre mis manos, el refriego total de la tierra. Ante cada mañana nos rendimos como simples mortales: tocamos puertas y ventanas y trenes. Desconfiamos de la lluvia arrebatada y sus calles de barro. Sin decir palabra, vivimos el eterno sueño de la expectación, la hoja negra del pan y su aroma de humedad antigua. Cada vez, sólo visibles en el ijillo de las funerarias.

viernes, 8 de junio de 2018

TRAS EL SOPLO DEL SUEÑO

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TRAS EL SOPLO DEL SUEÑO





Y tras el soplo del sueño en los ojos, el remolino del río en los pies. El estanque que nos separa de la transfiguración: el paraíso madurando a paso lento en la tierra, indefinido en su murmullo de semanas. (Sin el menor reparo, las detracciones a voluntad persuasiva de colmillos. Siempre es extraño el rostro en llamas y este aferrarse a los muertos. Hay tantas voces alrededor de las costillas. Las calles simplemente nos pintan objetos solitarios.)

lunes, 4 de junio de 2018

CAMINO DE SOMBRAS

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CAMINO DE SOMBRAS




Enlutados van los caminos del sueño y la sombra de cipreses que me ahonda. Herida la sombra de las ojeras.

El espacio es un zig zag de ecos donde maduran los puntos suspensivos de la noche. (Aún la luz embiste en lo oscuro.)


De "Poemas del Desasosiego", 2018.
(C) André Cruchaga


viernes, 1 de junio de 2018

RASTRO DEL FUEGO

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RASTRO DEL FUEGO




Hacia el sordo ahogo del alma, los tulipanes intocables de Woodburn y la rosa enlutada de la neblina.

Vuelvo los ojos a los rastros que ha dejado el fuego.

Caminar despedazado de aliento sobre calles inciertas; morder el estanque con violencia hasta dejar que el delirio se haga espejismo.

—Todo es posible cuando ya uno se ha sacado la espina del sollozo con el pañuelo del viento.

En tu cuerpo alígero, mis ojos fugaces de palabras.



De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga

martes, 29 de mayo de 2018

EN POS DE LA NORMALIDAD

Claudio Monet





EN POS DE LA NORMALIDAD




Quiero cerrar la puerta de mi casa y retornar a la normalidad de mi existencia: debo lavar las fotografías de mis islas y la carne y mis pensamientos y mis equívocos.

—Es hora de lamer el encaje de los ventanales y la hernia gótica de las agujas, también las punzadas íntimas del estallido del barro.

Tras el tupido lamento del deseo, el rastrojo íngrimo del invierno y el esbozo de un tren de lamentaciones.

(Siempre dudé de la verticalidad de las razones. Nunca fue levadura la latencia, mucho menos la luna carcelaria de las callecitas abominables de la mansedumbre.)

Me gusta el candor aunque naufrage en la asfixia inmaculada.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga

sábado, 26 de mayo de 2018

AVE DE PASO

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AVE DE PASO




Alza la sombra sus extrañas manos sobre mi pecho. El ojo sólo es un ave de paso en esta noche de alucinadas hendiduras.

Los sueños quedan en el balanceo roto de la sed: aun soy animal imaginario, entre el aro arqueado de la lluvia.

Cuando se rompieron todos los artificios, quedó abierta la herida como una cárcava de niebla.

Nos inmolamos en aquella tormenta hasta abandonarnos en la oscuridad del mundo.

—Y claro, sólo era efímero el vértigo de las alas.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga

jueves, 24 de mayo de 2018

PADECIMIENTO

© Francisco Cerezo Montilla





PADECIMIENTO




Hay dioses solitarios y sin ninguna lágrima, dioses oscuros y  abatidos por lo innumerable, dioses de papel agujereados por los pájaros. Dioses simplemente que padecen en sus aguas interiores y vomitan la miseria y nunca dicen su nombre.

Hay otros que tropiezan, ciegos de alma, y se pierden en sus oxidados grilletes.

En el absoluto de la eternidad van camino al matadero, como el luto que solloza en su danza.

Nunca encuentran paz, ni la fogata de los imaginarios.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga
© Francisco Cerezo Montilla

viernes, 11 de mayo de 2018

MEMORIA DEL CUERPO

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MEMORIA DEL CUERPO




Era el ala de los poros golpeándome los ojos, el blando misterio encendido de la linterna, la carne hundida en el hueco del sueño.

Desarmada la desnudez, el pulso ciego de la boca: alrededor, el agua de la noche en los espejos, el alma vertida en el pájaro de fuego, desde las sienes al sueño de los raptos. (Siempre supe de los cofres cifrados de la almendra y del reloj colgando de las paredes y del agua dejándonos tantos inviernos.)

Ahora busco embalsamar la orquídea de lo inexplicable: aquellas estaciones abrasadoras de los ataúdes, los diálogos de la brasa sobre el montículo de mis indigencias.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga
© Imagen: Pinterest 

miércoles, 9 de mayo de 2018

TEMOR A LA PONZOÑA

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TEMOR A LA PONZOÑA




¿En qué reino viven las sombras gruesas de mis ojos y los temores a la ponzoña sobre la rocosidad de la canela? (Nunca hay reposo ante lo oculto que acecha como un río de alacranes.)

He aprendido a descreer también de mis pulmones y de los eructos de las habitaciones cerradas y de la dialéctica de los escarabajos.

Si algo gira en la memoria, es la oxidación de la lluvia en la barriga de las moscas: el frío cobra vida en los peces muertos de las acequias, en los zapatos infestados de clavos.

(Fuimos amantes suicidas entre la oferta y la demanda. Los hongos hicieron su hueco en la cobija: ahí encallamos desenterrando nuestras costillas.)

Ante la arrogancia y la vileza, les ofrezco el vendaval de una flor.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga.

domingo, 15 de abril de 2018

PRETENSIONES

Pablo Picasso






PRETENSIONES




Deseo una guitarra para que vomite su sexo desde la ventana abierta de un ciego: un burdel de buitres cansados de la tarde o una noche de muertos donde copulen las bestias, o la crucifixión mordiéndome las uñas.

Al cabo mi pecho está condenado a la agonía y a esas vírgenes estrafalarias que comen pecesillos a la hora del coito.

Entre los muslos las libélulas de la saliva y los piojos bañándose con el agua del arco iris.

Dentro de poco, el semáforo muerto de mis ojos, mordisqueando el ombligo, o la jaula del pájaro, o las ingles.

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga
El Guitarrista Ciego (1903) del pintor cubista Pablo Picasso

miércoles, 11 de abril de 2018

PÀJARO DE AGUA

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PÀJARO DE AGUA




Como la curva de papel en los ojos, retumban las sombras en la garganta. (El pájaro líquido quedado en los vacìos del cuerpo.)

Te desnudas frente al delirio de mis brazos, en la fuga.

Se desarma el pulso en la enredadera ciega: ahí las manos enteras metiéndose en el sueño.

Entra el pájaro al hueco de la memoria.

(Entera la claridad y su misterio apurado de aguas: un rebaño de sonambulismos, se arrodilla al borde del ensimismamiento.)

De “Poemas del descreimiento”, 2018.
© André Cruchaga

martes, 10 de abril de 2018

DESPUÉS, EL PASADO

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DESPUÉS, EL PASADO





Todo es página en blanco, acaso, antes de revelarse todo.
Saber que existimos en la noche y la duda, después recuerdo,
relámpagos de asedio en la memoria, signos que nos marcan
o repiten nombres, sombras que se lloran en la postrera lágrima,
espinas dolientes en la luna de los cabellos.

Nos uncimos al vuelo para después convertirnos en descenso.
—Cualquier presente opulento lleva consigo el frágil deterioro
de la transpiración y el pálpito vivido de la hoja.

Aun así, en el atrio de los pétalos los jazmines son templos,
el lecho todavía un invernadero dominical donde los gallos cantan
sus aforismos. —Víspera del cierzo incontenible.

Luego de cautivar los himnos del gozo entre las manos,
los relámpagos arrebatados de los caminos, iluminar la tormenta
sin la escoria de la ciudad,
la mirada de aquí se destiñe en la boca:
—Las simetrías cambian de risa.

Las ideas.
Y hasta el necesario tiempo de bordar al País con la sonrisa.
¿Tienen algún sentido los colores derretidos en la sangre,
la deformación vacilante, antes camino de las altas antorchas?
—Uno no es indispensable para la vida o para la muerte. Las puertas
a mentido son cómplices del follaje y las heridas; son la boca obsesa
sin nombrarte, la arena en los dedos, el viento fúnebre de los caballos
alados, el verano del estallido en las quemaduras…

(“en todas las cosas el deseo de inventar la aproximación más delicada y
Toda la belleza está en su insuficiencia.
Yo te veo. Pero estoy continuado a todos los seres que te ven.
No se devuelve lo que se ha recibido.
Y como todas las cosas de ti
Han recibido el ser, …
¡Así la voz con la que yo hago de ti palabras externas!”)

No puedo nombrar este fardo de guijarros sumergidos en el árbol de los ojos,
ni en este soplo de luz creadora que te nombra,
que te hace, que te construye y te vuelve indeleble pese a la fugacidad
del agua en la violenta lluvia de la creación.
En el mapa de los sahumerios también hay surcos.
También ventanas.
Un día sólo seremos la dilatada ola en los pies,
hartos de la entraña, de los alambiques, de los toneles líquidos del mar.

Habrá hollín sobre la carretera de los pájaros,
quizá crueles manos amarillas envueltas por la bruma de la tierra.
Es así como nos veremos después, cuerpos de arcilla.
Largos golpes posesos de la noche, techos de ceniza en las espigas,
diremos que sembramos semillas en la desnudez total y no es cierto.

—¿Qué diremos de la libertad en la cruz nuestra?

Toda una vida pensando en el presente perpetuo, siendo apenas
el comienzo de otra página de los horóscopos, de la hoja peregrina del tiempo.
Los teoremas carecen de vasos seminales, la matemática es apenas
oscuro pedernal donde no cabe nuestra propia estatura.
Es ayer, hoy, la hipotenusa donde nuestra materia se hizo voz.
Es ayer, hoy, el río donde brotan las paredes, los rostros traicionados,
las cucharas de la tempestad, la sed necesaria para beberte…

Es ayer, hoy, la estrella ligada a las sienes, la marca rocosa de la mesa,
la rampa de nuestros pájaros, el puerto duplicado en el océano…
Barataria, 11.X.2009


viernes, 6 de abril de 2018

SIN PALABRAS

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SIN PALABRAS




En el paraíso de la página estás, sin palabras,
exhausta en mis despiadados ojos y manos.
Con los ecos de tu piel buscándome.
El aire de los pájaros en medio de nosotros.
Asida estás a las luciérnagas del vértigo,
a mis brazos de tierra,
al hueco verde de mi boca.
No concibo de otra forma tus cabellos,
sino ríos enredados en mi aliento,
cuerpo a cuerpo, absorbidos por el círculo umbilical.

Te vuelcas y mi voz se vuelve tinta.

—Sombra del azúcar sobre la cama.

Te untas de mi donde se pierde el calendario.
La lluvia abarca todo el universo de tu brasa,
—lluvia sin tiempo mojando tu respiración.
No me dejas alfabeto ni sintaxis en el camino.
Te inclinas y lames ascenso y susurros.
Al borde del respiro ondea el polen
y las estrellas frenética de los tizones,
la quema del esplendor a ritmo de oleaje,
la calidez del pantano, espeso de viento y horas.

Las semanas se internan en el sueño.
En el trigal del sudor:
hondo cristal donde hundo mis raíces.

Te pareces a una mañana con cierzo.
O a una sombra mojada
floreciendo en la desmantelada sangre de mi trinchera.

A la ventana con sus contornos confidentes.

Te cimbro, sentados, a la orilla del olvido.
En el pétalo del petate.
En la piedra desvelada del traspatio.
En este firmamento sin ropa.
Es así de simple cuando muerdes los sueños.
Y desclavamos los canceles del pecho.

Es así de simple cuando sajamos
la tajuilla del presente.
Dejamos, luego, que lo líquido se evapore.
Que la caricia alcance el ala,
que la memoria deshaga todos años
y solo quede el minuto.
Nada es más inocente que precipitarnos en la sed.
Bebernos. Desamueblamos.
Perder nuestra memoria. Lamer lo improbable. 
Hilvanar en la piel otros orgasmos.
Hundir el vilano sin pronunciar palabras.
Soltar la tormenta sobre el párpado de los litorales.

Montar el caballo hasta el límite del trote
hasta copar el quejido del deshielo,
—trance mayor del camino hecho.

Después, todo vuelve a ser el vaso servido del eco,
el mensaje del pálpito y su gozosa herejía,
el vicio de recordar dos sombras unidas,
—el calendario recorrido de pies a cabeza,
hasta oscurecer de nuevo
en el presente con todos los naipes de la semana.
Después de todo, nuestra razón de ser siempre es la fuga:
quebrarnos como dos vasijas compartidas,
en el oasis terso
del aullido.

Después de todo, te huelo en mi locura viva de esclavo.

(De tu recuerdo, el galope de los sueños y el aroma
de la desnudez y la rosa de tu lenguaje en mi pecho.
Y el misterio ya lejano de la herida.)

Barataria, 16.IX.2010
Del libro “TRAGALUZ”, 2010 (Inédito) 160 pp
© André Cruchaga

jueves, 5 de abril de 2018

ESTA LUZ

©István Réti (1872-1945), pintor húngaro.





ESTA LUZ





Las llamas que hago recortar de tiempo en tiempo por el peluquero
son las únicas en delatar el negro infierno interior que me habita
Louis Aragon

con cada tumultuoso amanecer,
la luz arrasa el reino de la noche
y emprende su combate.
Carlos Marzal






Un día, al nacer el agua hizo la luz.
Cedió el gris del tiempo.
Desde entonces la abrazo, aunque a menudo sea huidiza.
A menudo la putrefacción de los taburetes la vuelve charco
de viscosidades inciertas.

Siendo extensión de los nombres guarda la hoguera
del silabario, y la transparencia hormigueante de los rayos.
En los colores me borra el suspiro de la noche.

En el rostro es cruel el ala de los pájaros.
Los cielos inasibles Que nunca he visto,
la creación hecha de arrebatados metales.
Lo que sucede cuando se disuelve en el ansia es horrible:
—no hay Dios que borre el eco de los aserraderos,
ni cambie los establos nocturnos del aliento.
Siempre es así cuando el pan desvaría en el hambre.
Cuando la piel se vuelve un trozo de hollín,
y los tabancos oscurecen de insectos.

Y la mañana es una
lágrima sin fluir sobre las calcinadas moscas del fuego.
A menudo la luz es la misma sombra inconfundible de las piedras.
Iceberg de fallidas cucarachas,
o simplemente piscuchas enarbolando pañuelos etéreos.
En mi costado el aire hiende sus almácigos
—hiende, digo, Agolpadas ventanas,
cerillas como astillas dulces,
inviernos de aceras, donde los trenes cuelgan sus vagones.

Esta luz del tiempo tan real en la cruz desgastada
de mis zapatos, sucesión de ventanas en zanjas yertas.
Esta luz en la saliva.
Desvelada y húmeda en el tiempo.
Evidencia es de los colmillos que trituran pastizales.
Ceñida Tapicería de la intemperie.
Cada sábana hace su trama de entrañas.
Cada júbilo salta En las monedas del sueño,
cada color se vuelve inicial desvarío.
Siempre es muro de infinita libertad.
abrigo frente a la penumbra.

Ya en los ojos, grotescas resultan las fisuras en el sueño.
En la razón no cabe la porcelana del calendario.
Jamás el tránsito heroico carece de misericordia:
—la luz agita Las formas, y el abanico inexorable del mar.
Ahí no hay que interrogar a los espejos,
ni extraviar los días Amables,
ni saltar sobre las astillas de lo ininteligible.

De pronto hasta las estatuas parecen menos oscuras y los lobos
vacilan en la alegoría de las pupilas.
El aire se agolpa en las lámparas del mediodía,
en el hilo De lo humano.

Aquí no caduca en los bolsillos como una moneda gastada,
sino que danza como un juego de sombreros.

Así la certidumbre conmemora al ala.
La rebelión contra lo oscuro y desconocido.
La oquedad del polvo sin gloria,
sin la presentida espuma en el olfato.

La luz deshizo los acantilados de la desolación,
y forjó sin piedras, el destino intermitente del asombro.

Barataria, 03.XII.2009
Poema sin filiación.
© André Cruchaga
©István Réti (1872-1945), pintor húngaro.

miércoles, 4 de abril de 2018

CARCOMA

© Pintura Jeane Myers (Pinterest)






CARCOMA 




Cuando en el río de soledad que, a veces, nos recorre,
un álveo seco, piedras
con huella de lavados imposibles,…
Alfonso Canales





La carcoma de la noche tiene cuartos oscuros.
Dientes hostiles para morir lentamente en la panadería de las palabras.
Todavía no se ha cansado la envidia de su desventura:
Muerde trenes en su amargo aprendizaje.
Resulta que al trabajo se le llama suerte,
Y a la carcoma pan divino.
Al ocio, desventura;
a las puertas, falsos muros.
Cuesta entender a los seres derrotados por la mediocridad.
Viven en el rectángulo del sufrimiento.
Desangran sus vértebras y sus encías.
El tiempo no les alcanza
para dolerse y culpar a otros de sus males.

(Vos y yo sabemos de estas noches de ceniza que merodean
las sienes sobre la polvareda de las olas,
de un mar glacial de sentimientos recorrido
por escorpiones innecesarios.
Sé que nos golpean el sueño,
pero a cambio, nosotros sí sabemos el rumbo
de nuestros zapatos, las escuelas de estatuas que nos rodean,
la anilina de perro que lame los tobillos,
los fatigados ojos que caen
sobre nosotros sin transparencia.
Sabemos que cantamos y volamos.
Sabemos el lugar preciso destinado a los tuertos,
el escarabajo de espuma engañosa sobre
la mesa, la puntuación inexacta de los incestos.
Hemos tenido que aprender a caminar con el bolsillo lleno de espinas,
nadar en la piscina de la envidia, comer entre el aluminio
de las bocas falsas,
 descubrir los lingotes de ponzoña en el calendario.
Hemos sido pacientes ante el aserrín del odio;
bajo el humo hemos sido abatidos.
Ya quisieran tener la felicidad nuestra,
tener también nuestro odio.
Pero ni eso les damos.
Les dejamos las calles para que ardan en ellas
como seres sonámbulos, las aceras, los alimentos.
Ojalá aprendan a masticar lo necesario.
Ojalá un día los alcance la felicidad.
Ojalá un día, al menos mueran con elegancia,
Y no dediquen sus dientes a la ignominia.
Vos y yo, que lo sabemos, démosles sílabas de azúcar para que sus vidas
Sean menos hoscas, menos virulentas, menos inexactas.
Démosles tazas de relámpagos cristalinos,
rocío con miel y hasta una purga para que laven sus intestinos.
Démosles tanques de oxígeno;
no pueden respirar por sí solos,
necesitan de nuestra sombra.
Les duele nuestra felicidad.
Les duele nuestra fosforescencia.
Dejémoslos que fluyan perturbados por sus sueños maniqueos.
Tal vez un día encuentren su propia felicidad y mastiquen hormigas
de otro planeta, de otros matorrales con luciérnagas.)

Nosotros, gocémonos con el amor que nos tenemos.
Gocémonos cada día en los kilómetros de luz que tenemos.
Nosotros mordamos la boca azul de los poros, la boca del rocío:
—déjame cantar
sobre la palmera del pubis y enharinar el terciopelo de la luna.

Dejemos que nuestros enemigos ardan en su propio fuego;
Nosotros al fin y al cabo,
tenemos nuestro propio cielo con raíces profundas.

Barataria, 23.XI.2010
© Pintura Jeane Myers
© André Cruchaga