miércoles, 6 de julio de 2022

COVACHA

 

Obra pictórica de Joan Miró


COVACHA

 

 

 

 

Garfios invisibles de los árboles se contonean

obscena marcha de maniquíes somníferos,

la sombra de los astros es un zorro en su gruta.

Michael Leiris

 

 

 

 

La mugre al alcance de las manos esa tragedia de rodillas que casi nadie ve incluso ni revelándose leo los días de la semana desde estos miserables candelabros que cada día se prolongan en la litografía indefinida de las pantuflas siempre me pervierten los días oscuros el chasquido de los bolsillos sin monedas y los golpes los pantalones viejos del grito las bocas las pequeñas bocas sin camisa como el mudo espesor del índigo los estómagos atravesados por bodegas vacías tintinean los ídolos y la saliva la agonía de Dios y los cuchillos la espera de los dientes frente a las sombras en medio de taburetes agachados la lejanía quemada en la garganta me estremezco ante el ojo negro que lanza señales de humo (soy otro más que engorda con sorbos de miseria) otro que muerde los pulgares de los semanas y los meses otro ingenuo pensando en la indulgencia desde la propia inocencia o ingenuidad aquí apenas llega la voz desentonada de los periódicos solo la caravana divertida de los ataúdes la espera que a veces sesga toda racionalidad —pero usted al otro lado de la marcha triunfal ríe sin agonizar aquí se pudren las monotonías en medio de la ceniza el humo y la chatarra que sueñan el paraíso ¿hacia qué transparencia van todas las ansiedades vestigios del futuro? nacimos así en la tumba del ojo de la noche entre los ilusionismos que alienta el espejismo oscuros sombreros de polilla sobreviven a mi ignorancia no tengo más suerte que la de los desposeídos: despierto siempre con la misma ración de recuerdos entre bocanadas de crepitantes dolores voy como van los descalzos redoblando los caminos bajo la fruición de algún hígado putrefacto aun así rasco las piedrecillas para sacar canciones el yugo en mi cuello a veces la noche se devana en mis manos pero no importa si acaso lo importante es que la oscuridad es mi casa este mundo de complicidades siniestras donde uno siempre está en el vestíbulo del frío ante el murmullo de la lluvia frunzo mis carnes el duro puerto de los deseos dilatados el ayuno nunca es transitorio sino definitivo dónde está la luz y su almacén de divisas es raro aquí este callejón de innumerables insectos nada hace distinto el juego ni siquiera las abstracciones del vía crucis ni siquiera la puerta entreabierta de los atrios con sus comensales diurnos salvo alguna ventana donde se prolonga el abismo y el equívoco —me tortura cada vez con eso del rescate del folclor nacional con  eso de las complejidades de la oferta y la demanda odio las nimiedades de la claridad hurgo por si acaso en la salmuera en las fotografías ensimismadas de la publicidad aguardo sin codicia ésta es de otros de otros la fuerza descomunal para vaciarme ¡qué extraño es el lenguaje! soy solo animal acechando en los alrededores del aullido soy solo mercancía en el ático de los periódicos y las revistas supongo que es divertido fomentar el pánico y fruncir el entrecejo al final siempre es cómodo hablar de la dignidad humana increíble incolora a decir verdad todo tiene sentido del humor en realidad son extraños los simbolismos lenguaje…

Barataria, 29.X.2014

 


martes, 5 de julio de 2022

TECHO

 

Obra pictórica de Joan Miró



TECHO

 

 

La calle enteramente a oscuras y la estación no ha dejado huella. Hubiera querido salir y retienen mi puerta. Sin embargo, allá arriba, alguien vela y la lámpara está apagada. Mientras que los reverberos no son más que sombras, los anuncios continúan a lo largo de las palizadas.

Pierre Reverdy

 

 

Derruidas las láminas no queda ninguna garantía sino invocar al cielo asunto que siempre acaba en  mala suerte: todas las semanas cansadas y tantos chunches viejos como la esperanza siempre me resisto a creer en la fosa séptica de la noche en las esquinas amenazantes en la parroquia que me da sacudidas de conciencia desde los viejos paradigmas de la rebelión de las semanas devolviendo las telarañas: no es una aventura mecánica uno acaba cercenado por estos juegos antiquísimos uno se funde entre la violencia y lo ilusorio de la almohada hacia fuera de la champa siempre lo inevitable del día nocturno: es terrible este jadeo de pájaro moribundo los absolutos que soplan ahora como una fiesta de cumpleaños nada es todo en este pequeño nicho de hacinado cementerio en esta pieza velamos todos el abandono entre tabaco y harapos enredados en el aliento no hay escudo ni mano benigna alcanzable sino esta suerte de sarcófago y el metal gris del smog en el que nos fundimos en el petate gastado de la lágrima aprendemos todos los absurdos (es una locura tanta boca y poca mesa elucubramos inusitadamente ante los potentados del poder) una locura y un peligro esta cama ecuménica de la muerte desde otras latitudes las casas con terrazas y ciertos abrigos que humillan a cualquier pordiosero por cierto que la historia me ha procreado luego la muerte esta señora latifundista de tanta piel marchita —cruzo la sed de los relojes y esa avaricia que de pronto se torna increíblemente fiera y lánguida ya he envejecido tanto junto a este taburete de granito: confieso este letargo de luz y el agravio que siempre busca un abandono solo puedo compartir el polvo de mis palabras soeces sin más dividendos que esta suerte mal hablada del desahogo ¿qué podemos esperar en esta región oscura innombrable a veces donde abunda el deletreo y la mala hora? respiramos los retumbos fríos de la noche mientras el pecho libra las obscenidades del alma cínicamente el cielo se nos muestra como arco iris y la basura como un testamento de nuestras convulsiones (usted) aquí siempre controversial impune ante los remolinos de mi infierno hundido en este embrollo de velorio privado de pájaros consumido en el dardo de la penumbra jamás desfila aquí el mundo que merecemos ni el alba en el bolsillo como hervor primero sino el imposible que desde luego carece de toda lógica a veces me arriesgo a pensar en las distancias en el desenfado del sol en alguna rosa saliendo de mi timidez me sorprenden las últimas élites y sus registros en bienes raíces: por supuesto ya he vivido más de medio siglo de historia y sé lo que pasa al otro lado de los entendimientos de norte a sur la profusión exótica de la patria y sus defensores conspicuos de oriente a poniente sucede igual: el cuerpo enceguecido de la historia y los mausoleos ascendentes del drama un día por cierto no estaremos en el olvido ni será irrevocable este infierno no seremos devotos partidarios de lo intrascendente ni carnaval del orbe ni abigarrados objetos sino simplemente días rescatados del desafuero…

Barataria, 30.X.2014


lunes, 4 de julio de 2022

 

Obra pictórica Joan Miró




TURBIEDAD

 

 

Y mi silencio no ha sido una crueldad que se perdía oculta entre mis ropas

Yo no sé predecir

La luz únicamente más allá de mi mismo

Todo lo conocía

Conocía el mar y esos cuerpos desnudos

pero me devoraba la sangre entre las manos

Pedir perdón sería recordar un poema

y si yo escribo es únicamente porque no sé si he muerto

Emilio Prados

 

 

(«¿No sería mejor que nos arrojáramos del puente al rió, que abandonáramos el juego, que declaráramos que la vida humana, en su integridad, es un error, y en consecuencia nos la quitáramos?»)  después de todo me sumerjo en mi propia creación paraísos ensueños vírgenes dudas agonías siempre hay que dudar del evangelio de los números de las polémicas de la duda he olvidado la neutralidad de las abejas la carne prenatal del grito te invoco compasión frente a mis acrecentados forcejos («Caminé por la calle, pero no estaban a la vista. Y ahí estaba yo, sin sombrero, como si también estuviera loco. Como uno pensaría naturalmente, uno de ellos está loco y el otro se ahogó y la otra fue echada a la calle por su propio esposo, por qué es que los demás no están locos también.») vaya —me he dicho— en la unanimidad de mis ojos cuánta pobreza desfila como una amada aterida descalzo me gusta dejar las huellas del tedio sobre las aceras ¿quién me habla de conciencia? yo la tengo de mí ¿quién la engendra? detesto desacralizar aunque a veces es necesario ante la realidad objetiva que llamamos mundo claro cada quien es un mundo dentro y fuera de lo oscuro dentro de la vigilia la placenta soy indistintamente de mi individualidad ya he pensado por largo rato en los objetos aparentemente inanimados: el trencito el caballito de madera esta mi tos de perro jiotoso la carreta donde se desplaza el espíritu hay tanta turbiedad y no da tregua los baches el salto al vacío la mercadería de los partos los huérfanos el gorro frigio de nuestra nacionalidad espero al taxista en la otra esquina de la hostilidad luego camino susceptible tratando de justificar todas las caricaturas tempranito hago mis aritméticas abro el ojo y lo miro en el vaso de agua froto el dolor con altamisa en mis manos me ahogo con la leche de pecho intensa como la ruda a lo largo de filosas calles hago caso omiso de los semáforos nada me da la seguridad que necesito ni siquiera el absoluto ni los talleres con aroma a madera debo hacer memoria de repente me desahogo en la película encristalada en el sinfín de parabrisas polarizados es el tercer mes de mi eterna ingenuidad: busco un puerto del tamaño de mi almohada allí no puede ser inasible la luz ni la clandestinidad de los ahogos uno debe estar loco para leer todas las páginas del horizonte desamarrar el nudo ciego de la tinta lamer el cántaro de los pezones sin ningún pudor quiero abandonar este juego duro en el pecho: alargar mi risa en una cucharada de miel morder los jocotes corona ahuyentar al chucho con pulgas de mi albur la verdad es que tampoco recuerdo mucho ni un ápice de todos los momentos reflejados en mi conciencia es más a menudo ahuyento los recuerdos para que mi entrecejo no desvaríe bueno en realidad no importa nada ni siquiera un antro inevitable y momentáneo los días se forjan con golpes en los párpados sobre el adobe del lenguaje todo mi rostro es un instante (usted) que habita mis escombros ah la carcajada de los lavatorios la hoja de la oscuridad con gusanos es un error la ropa el pájaro de mi pecho la comunión con los pilares que sostienen la casa es un error el espejo que se quiebra sordo en mi garganta es un error el encaje del aguacero en la ventana tremendo error para mi resuello doméstico…

Barataria, 19.II.2015


domingo, 3 de julio de 2022

SUBURBIO

 

Pintura de Joan Miró


SUBURBIO

 

 

He aquí la totalidad de los siglos pasados por las armas

cabeza de madera en la cual el ojo izquierdo sólo parpadea para

salvar al otro de la miseria

lo único creíble en el seno vaporoso de las geografías venenosas

son las fugas imprecisas de rostros encadenados por horribles palideces

es la obra simbólica de sabios microbios en el fondo de las

apasionantes cavernas de la materia

Gui Rosey

 

 

En la periferia de las palabras ladran los perros hay tormentas de meses sin luz y casas sin nombrarse derrumbados horizontes y epitafios que uno nunca sabe a quién emplazan en la erosión de los catálogos las notas suicidas y el polvo lacerante en la carne la desesperación insiste y no me deja pensar no hay abrigo solo este dolor en los brazos gritando sus puños oxidados entre el cartón de los años mis palabras imprecisas de mar pintado en el bahareque de la tarde: fumo este pálido abismo de ojeras ninguna estética es tan fiable como los caracoles pintados por los niños siempre hago y deshago la fecha de las gaviotas el poyetón indefinido de mis ojos el tabanco de la tarde rodeado de recuerdos y las mismas tempestades de siempre y las mismas alas de siempre y los mismos ofrecimientos de expulsarnos del paraíso (no sé si haya profundidades incomprensibles sólidas arquitecturas acordes con el Todopoderoso) al parecer la saliva nos anega hasta los tobillos siempre el maldito amor nada paradisíaco hay cierta inanición heredada del dolor hijo del abandono y los temores maloliente de zapatos de ropa de sueños nada tiene razón cuando la razón se echa al cesto del embuste nada es siempre lo mismo cuando el pájaro carece de voz y la penumbra se torna venerable en los bolsillos nunca dejo de pensar en este dolor adscrito a las costillas ni en las láminas imposibles de la alegría aquí me acostumbro a la sobremesa del patriotismo a la política permanente de las osamentas y a sus hijos de preceptos radicales siempre hay obstáculos para saciar mi libertad: el quehacer diario es un absurdo como las habitaciones oscuras de los prostíbulos en el traspatio del alambique pululan famélicos mis pensamientos la conquista de otro mundo menos asfixiante (de pronto quiero olvidarme de los métodos cívicos de la coerción del disfraz absoluto de ciertos apellidos todo orden es una estrategia enceguecedora creo que el desprecio hace su labor desigual de subir y bajar escaleras ¿Cuándo podremos darle título universitario u honorario a la bondad?) siempre estoy expuesto a los muros de los desahuciados siempre me ha gustado el enorme trabajo de las sábanas y sus balcones posibles siempre los mismos escarabajos debajo del escombro esta suerte de andrajo sin dones ni bendiciones siempre resulta extraña esta hazaña de renunciar diariamente al mundo renunciar a (usted) al pie de la letra del mendrugo —consabido es el baúl de tantos epitafios las aceras abigarradas y caducas el no ser que nunca descansa es imposible el azúcar que no se atreve a la mesa sí aunque posibles los servicios secretos y desayunar la desigualdad en momentos de crisis vamos —me digo— con los sueños sobre la almohada pensando en los extraños taburetes del aliento en la mesita de noche de las premoniciones siempre lo sombrío hace ruido en las aldabas es entonces cuando las aguas saltan de la herida es entonces cuando se le hace reverencia a la purulencia y a sus atrevidas manos en el grito de la garganta un río rozando las pupilas…

Barataria, 26.X.2014

 


sábado, 2 de julio de 2022

TRINCHERA DEL POEMA

 

Mary Bell Díaz Castillo
   


TRINCHERA DEL POEMA

 

A Mary Bell Díaz, poeta.

 

 

Ésa es toda la tierra del suspiro, la sangre de la rosa que parpadea en la hoja, el brote redondo de tus dedos en la sombra del quinqué, el mar aprisionado en la las ingles, el eco del viento en la arena calcinada de las palpitaciones.

 (Todo es extraño cuando la madera se dilata en el tintero de la página donde escribimos el poema. Ahí se extiende el estertor de la vida. Después uno forcejea con los párpados para que la acritud no llegue hasta las ingles. Todo momento es único, aunque después nos envuelva la nostalgia. O la voz única de las culpas.)

 Siempre una trinchera está hecha de brasas y sombras. De destellos que se afanan en ahogar los resuellos.

 Existimos en el instante que quiere la memoria. Y ahí se eriza el alfabeto de la embriaguez posible. La hebra del galope que perdura en el pecho.

 Todo el fuego sabe a la audacia de las pulsaciones: las sombras nos parecen torrenciales en el tragaluz de respiro que atraviesa el río. Ellas se arquean en los sueños de lo que uno quiere multiplicar después del séptimo día.

 Ahora el poema del cuerpo es el agua rotunda clamor de lo inefable.

  

De “Oficio del descreimiento”, 2018.

© André Cruchaga