viernes, 2 de noviembre de 2018

DESATINO

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DESATINO




Tiempo ya que ignoraba (…) las aguas y el brillo de los peces.
Antonio Cisneros




Temblorosas las manos, se abren a las aguas subterráneas donde los peces de piedra pómez, rozan el cemento. Siempre ha sido el desatino un espejo atravesando el barro: sólo una gota de inocencia es posible para ver la luz secreta de los féretros. Lo demás, son los residuos de los caminos desahuciados debajo del aliento. (En aquella embriaguez, nos mordió el filo de la sangre para luego perdernos en el eco sordo del pantano.)

Por si acaso, me cuido de los acantilados y del claroscuro fósil de los espejismos.

Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

jueves, 1 de noviembre de 2018

EMBRIAGUEZ NUEVA

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EMBRIAGUEZ NUEVA




Ahora, sin más oscuridad, me baño en aguas claras: dejo el traje de los desasosiegos porque el río descubierto me colma de otra embriaguez. En el fuego del pecho arde el arco iris. (Avanzan, ciegos, los ojos de luz de ultramar inagotable.) Uno siempre reescribe con alguna prórroga, los calendarios que habitan la memoria.

En el párpado del río, las venas lavadas del viento y este aliento apretado del fuego: ojalá perdure el eco de la mañana y no sea otra ignominia.

Otra fiebre de malagüero que desarraigue los relojes y asfixie el barco del abecedario. (Sólo quiero la percusión de tu ombligo como una lluvia que cabalgue en mi garganta.)


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga

miércoles, 24 de octubre de 2018

SÓLO UN PASAJERO

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SÓLO UN PASAJERO




Para mi asombro, los paisajes aburridos del cielo. “Así es la vida, tal como es la vida”, dice César Vallejo. La vida adentro de una jaula susurrándonos al oído, la vida con su ortografía de página en blanco, o en desorden como las mercancías en las calles, o como las calles en concordancia con la mercancía. Es casi seguro que la vida prometida no existe, y a ratos resultan incómodas las almas tristes de las calles, el césped alrededor de las pilas bautismales, la gota de sangre en el ojal de las costurerías, los tropiezos encanecidos de la carne, las vitrinas asmáticas de los montepíos, ese mundo del prójimo con deseos ahorcados, el sol degollado en el último aullido del perro doméstico.

—“…voces humanas nos despiertan, y nos ahogamos.”, según Eliot. En la travesía de la carne, la vida es sólo pensamiento. Todo infierno tiene su propio huerto: juego alrededor de su filo, entre los absolutos y lo desvanescente; entro al muelle y desciendo hasta el último vilano. Así advierto que sólo soy un pasajero más en ese mar de tus brazos. La oscuridad, es mi única certidumbre.

(Supongo que en la carcajada de lo trágico, resucita la gramática; juego a las palabras, en medio de  rieles entumecidos. Sangra la demasía de mi sombra como un semoviviente en el matadero.)

Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga
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miércoles, 17 de octubre de 2018

RETORNO ERRANTE

©Pintura Isaac Levitan




RETORNO ERRANTE




Vuelves y nunca alcanzas la lluvia, tampoco lo que se anticipa y transcurre. Cuchillo de la noche el esplendor de la deriva, el candil que devora los nombres amortajados. Todo está sitiado y ya no quedan interlocutores, ni aquel primer momento de errores y herejías, salvo el devocionario cáustico de encarnar los fuegos del azar. (Duele caminar llevando la voz ciega, llamando lo que ya está desleído, los brazos marchitos, sin enderezarse.)

Vuelves y ya no hay nadie en la casa, sino el dolor; regresas y ya no hay cama, ni paredes, ni amor, ni esperanza: sólo alfileres y calambres y alas endurecidas.

(Te asomas a lo incomprensible e inaudito; ves el tren de los años en una lágrima: al final del precipicio, el aliento recoge los pedacitos insomnes del deseo. En todas las horas imaginables, el centelleo incesante del frío, borrada cualquier sombra en la travesía.)

Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga
©Pintura Isaac Levitan

lunes, 15 de octubre de 2018

DECLIVE DE LOS ESPEJOS

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DECLIVE DE LOS ESPEJOS




Deshecho el tejado, bajan las goteras hasta el alma: las ropas húmedas fermentan cada uno de los huesos que conozco, cada una de las razones que desencadenan la lluvia. Entre múltiples sarcófagos, los pies hundidos en las ojeras de la tierra, la piedra de bruces sobre la boca, la levadura que huye de mi sombra. (Tiemblan, sin embargo, tus senos en la altura de la primavera, en la impaciencia de cada rostro efímero. Al ras del suelo la carroña de las poluciones, la ofrenda de ceniza en los pavimentos, el ombligo anticipado del surco final.)

He visto el dolor desnudo de los peces tropezando con el gemido de las heridas que nunca olvidan los bisturís. He visto la sombra de los perros que muerden el vacío.

En la desventura de la pupila enrollada en salmuera, el guijarro inmóvil, como un rebaño de tropeles ciegos, sin rumbo y sentido tal las banderas desolladas por la intemperie.

Todo se desvanece en la sangre del silencio: en la anatomía de los alacranes, la historia podrida con su lascivo aroma de ajetreo en celo. Ante cada mordisco, la piel desmoronada y su asfixia.


Del libro: “Antípodas del espejo”, 2018
©André Cruchaga