domingo, 26 de febrero de 2017

TEMPRANA FUGA

Imagen cogida de Pinterest





TEMPRANA FUGA




Súbitas calles muerden las sombras de mis pies. Hienden las sienes
las hienas sordas de la negrura; ciegas las infancias del ojo indefenso
ante el olfato roto de las alambradas.

Uno acaba cambiando de piel ante la polvareda, o la carcajada abierta
que nos desafía. A veces sólo queda cruzarse de brazos, adelantarse
a los horrores de la noche,
morder el pescuezo siniestro de las deshoras, jurarle a la reúma
del poder sobre las migajas, o encasquetarse en la boca
de los sombreros sin posibilidades de retorno.

Jamás se retorna a las mismas aguas, aun cuando giman las culpas.

En los alrededores de los sueños, hay necesidad de tocarle las manos
a las horas, precipitarse en las caligrafía de los cadáveres,
repasar las lápidas quebradas del aliento.

Ahora únicamente sobrevivo al ronroneo de la apariencia, al grito
desordenado de los candiles, al párpado quemado de premura.
Soy convicto de penurias, y confesas verrugas que de seguro requieren
más de una cirugía. Leo desde el calorcito de las cloacas.

Me divierte a fin de cuentas el fastidio, esta herida abierta que nunca
fue curada (me duele evocar la saliva de tu boca, no regresar al umbral
de tus muslos. Me duele el frío en mis manos.
Me duele pensar en los condones reales de la soledad y obligarme
a un tiempo de vómitos de tedio y a yermos ardimientos.)
Barataria, 04.I.2017

viernes, 24 de febrero de 2017

CUENCO DE LOS PÁRPADOS

Pintura de René Magritte, cogida de Printerest.





CUENCO DE LOS PÁRPADOS




Tras la furia del aire mordiéndome los talones, el cuenco de los párpados
acumulando su propia polilla, las atrocidades que deja la sangre
cuando se marchita la palidez cosida del aliento sobre el bostezo del sueño.

Sangramos de impotencia frente a otros mausoleos.

La demencia es tal como la necedad de las sombras, como los agujeros
de los ojales confinados a la herrumbre.

Uno se cansa del reloj clavado en el entrecejo, en la cabecita del alfiler que rasga
el grito del costado, los grises sin los cabellos de los santos.
Todo se acumula en la esperma peatonal de las imágenes diseminadas del país.
Es ciega la piel obligada a la tierra. (De pronto, de la estupidez pasamos
al sentimentalismo, a la proclama y al titerismo. No dudo, por hoy, en la demasía
de las luciérnagas, ni de cómo  golpea el falo en pleno frío todo el muro
de la noche y su conducto tintineante de éxtasis.)

A veces se necesitan pedales para incrementar la velocidad de los delirios.

Todo es necesario ante la congoja del alma, aunque parezca inexplicable.
Estornudo en mis cuencas, luego de pensar en las cerraduras y los zaguanes.
Ya de soslayo, las esdrújulas del granito en los ojos.

Es difícil la ternura en un paladar agrio. Difícil las tantas formas de morir.
Difícil el catálogo de los vacíos, la creolina de los enajenamientos.

¿Cómo es que el gozo se torna arcaico, detrás de pájaros desvelados?

—Para ciertas certezas, es necesario, una rebelión de bolsillos, o si se quiere,
un espantapájaros para desbandar los defectos de la mirada.
Barataria, 02.I.2017

miércoles, 22 de febrero de 2017

QUEMADURAS CONJETURALES

Imagen cogida de la red




QUEMADURAS CONJETURALES




Entre las tantas quemaduras conjeturales está el estrabismo de la luz
y su juego de ladridos derrengados.

Hay imágenes allí de espejos y cuadernos gastados por el sexo: los relojes
queman con su pelambre, mientras las catedrales se encaraman en uno.
Habría que ver cuánto tiempo se zambullen los pájaros en los monumentos
protegidos, en las lejanías donde ya no llegan telegramas, sino e-mails.
—Me ganás la partida con todas las postales de lluvia envolvente
en mi pañuelo. Yo ya he dejado de salivar como se hace en un hipódromo.
Es curioso eso de sobresaltarse con el ruido de un cincel.

Ante la proximidad de muchas alambradas, cojea la mudez en los barrancos.
En el interior de la boca, son extrañas las llagas de las dentaduras postizas,
y esa encerrona de humo en el pecho a punto del ahogo.

Todo el fuego gira como el reloj alrededor de los dedos y abstracciones
del alfabeto. De remate pescamos el asco, ácido, de precarios candiles.

Cada llaga tiene la desventaja de que no es inmutable: bebidos los analgésicos
para la esperanza, las arterias descomunalmente chamuscadas,
están allí, como una vieja almohada rescatada de un incendio.

(Yo en mi tentativa conjetural) el parpadeo ilegible y su exhausto día muerto.
Cada quien delira frente a la entereza de la roca y su aliento de mediodía.
Cuando la piel hierve hay una comezón en el aliento.

—Ahora quiero escuchar un blues y morder de nuevo la herida hasta sangrar.
Barataria, 30.XII.2016

lunes, 20 de febrero de 2017

ENCALLADO TIEMPO

Imagen cogida de la red





ENCALLADO TIEMPO




¿Serán siempre así los ruines vientos del destiempo, las cáscaras putrefactas
en el claustro de la conciencia?
Siempre es extraño eso de los encallamientos: es extraño jugar a la risa
y pensar en cómo desinflar moscas, viendo en el retrovisor de las tragedias.
Allí, poco a poco, el reumatismo visceral de la noche.
Un puñal duele lo mismo que en un aserradero tirando viruta en la osamenta.
Me asomo a la demencia de la noche y río frente pijamas irreales.
Barataria, 28.XII.2016

sábado, 18 de febrero de 2017

LUMINOSA SOMBRA

Imagen cogida de 123RF





LUMINOSA SOMBRA




Luminosa sombra la lluvia sobre el musgo, el oscuro paladar del tiempo,
y ese hueco de vertebras que todavía gimen.
Nos empuja hacia unas semanas que no sabemos la osamenta, también,
de las palabras, la tierra desasida de las irreverencias.
Descendemos hasta la soledad redonda de una lágrima, la sombra del pájaro
se hace transparente, como la luz que oscila obsesa y en sigilo.
Estalla todo el despojo y envuelve el horror de las exclamaciones.
Alguien nos corta la risa con sus letales manos.

Me hundo en esos pedazos que atraviesa el ahogo: los equívocos, la madera
inacabada, los explosivos tetelques que uno encuentra en los epílogos.

El poema, después de todo, constituye mi propio sarcófago.

Total es el mismo terror de todos los días, Dios ahí, muriendo en su propia 
eternidad junto al hombre, junto al rufián que predica los desiertos.
Es larga esta tortura,
e intensos los brazos húmedos de los inquisidores. Uno se muere en el conteo
aglutinado de las palabras, en esas pequeñas muertes diarias,
en el trabajo de las frazadas para arropar la fe.

Grito desde ese pedestal hundido: los círculos del sonido se tornan  rostros 
cercenados y concéntricos: repartido en la boca, martillo y cincel de algún 
sepulturero, —oye, sí, oye, los fantasmas del hambre acompañándonos.
Hasta allí el arrebato de los gusanos y la conmoción del sueño…
Barataria, 26.XII.2016