miércoles, 26 de abril de 2017

RESQUICIOS DEL TATUAJE

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RESQUICIOS DEL TATUAJE




Hojas negras como sombras cubren el cuerpo: carece de llaves la breña
del aliento, los matorrales dispersos donde se fecunda la noche.
No hay quietud en esta ignorancia de telarañas ni silencio en la hojarasca.
Me pierdo en el polvo que muerden mis zapatos.
Floto en el misal de los periódicos.
La oscuridad titubea como una mosca en el aliento: es casto su cadáver inmóvil, gigante su cabeza de tizne, invisible su sexo descarnado.
Me asomo a los manoteos de los grises y rasguño las piedras a mi paso.
Tosen los ruidos su estertor macabro en medio de las mazmorras
de la feligresía: procuro sacudirme los hacinamientos insomnes,
hasta las afueras hollinosas de los atrios que deambulan en la piel.
Nunca es fácil copular frente al verdugo, ni arrebatarle el azúcar al vacío.
Nunca es fácil quitarle el contrapeso a la dulzura que tienen los antros,
darle un mordisco a los jeroglíficos de ceniza,
recoger en un guacal todas las atrocidades envilecidas.
Todo suena a una corrida bestial de quicios y resquicios y retretes.
Sobre toda esta tierra espesa, gotean cada día los recuerdos:
agujeros quemados desnudan la fosa del lecho.
—Ya no me resisto a las bocinas entreabiertas del mordisco, ni a esta forma
de fosa que tienen las bisagras del encierro, ni al incienso sobre mis ojos.
Siempre en la boca me queda ese sabor a madera hostil y caducada.
Barataria, 2017

lunes, 24 de abril de 2017

AQUELLA LUZ, AÚN DESPIERTA

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AQUELLA LUZ, AÚN DESPIERTA




Aquella luz. Mi luz presente. La luz de siempre, tórrida y agreste.
Nada ha cambiado desde entonces, aunque todo sea diferente.
(En el peñasco de jengibre, aquel achiote umbilical del cortejo, las sombras
amotinadas en el aliento, todos los demonios enroscándose en la piel
hasta hacerla tronar como la hojarasca alrededor del fuego.
En la grieta del aullido, los estertores sordos de las mazmorras.
Cada vez entramos a los tantos años de cada momento: siempre regresamos
y ablandamos la sal en nuestros ojos.
Quema el metal de nuestro propio sonambulismo.
Quema mis pupilas el reclinatorio de tus senos, tímidos como el cierzo.
Siempre disimulo los agujeros que me dejan los escapularios.
Vos, como yo, hambrientos de impudicias.
Siempre me balanceo a tu brizna prenupcial, y al delirio absoluto
que me deja la caja de música de tu cuerpo,
las estrofas imposibles de tus poros, la tierra adentro a voluntad tuya.
No existe otra tipografía que me consuma tanto, ni alegría más contundente.
Me yergo para habitar el éter. Muero de sed para beber la preñez.
Cada rinconcito del goteo es un espejo de múltiples esquinas.
Allí, entran mis sueños: crece el cofre mientras llueven caracoles.
Más próximos a los puntitos de la desnudez, el extravío del poema.)
Expira el fuego y despierto…
Barataria, 12.III.2017

sábado, 22 de abril de 2017

ARDIMIENTO

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ARDIMIENTO




Siempre nos toca arder aquí en el sendero de la noche cuando la luz es más visible en toda la extensión de los cuerpos: y en este punto somos vuelo sobre nuestro lecho labra la boca su orgía luego el aliento en la ventana como un jilguero agita cada quien su propio incendio mientras repico hasta sangrar en lo ardido (es un ir y venir: la ternura entre los oleajes del agua aprieto cada poro ciegos de sed visceral nos deshacemos hasta el grito de la rosa entre las manos hasta vaciar toda la cosecha luego la marcha asume los rescoldos)…

A veces hay que dejar guardadas las palabras apartarlas de ese lindero de vahos después uno ojea la propia sombra o la muerte ese tiempo donde se azuza toda la vida la tierra volcada en nuestros pechos

Deshecho el nido nos queda la intimidad de la nostalgia o el tatuaje de la travesía
Barataria, 20.III.2017

viernes, 21 de abril de 2017

TIERRA ADENTRO

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TIERRA ADENTRO




A Eukene Lizeaga




Con un pájaro entre las manos, el reloj alígero en su propio éter.
Nos llueve la fronda de los gusanos hasta sangrar de huidas y luto.
Todo empieza en el follaje de los ojos y acaba en lo hondo de la fosa.

(Cavamos en las lápidas hasta sangrar de vértigo. Hemos padecido
la sospecha y la herida oscura del día con rumor de pálida boca.)

Duelen los zapatos abiertos de las sombras y la carne: uno oye las grietas
cuando se empiezan a abrir y revelan la palabra en los costados.
Todo reverbera, hasta lo que no ha sido. En el infinito amoratado.
Tierra adentro la lluvia sobrada del silencio; ceden los sonambulismos.
Todo nos vuelve al ciego camino de la noche, a la ciega flor de lo inasible.
En medio de la voz que calla, los retretes deslucidos de la gramática,
o los ojos muertos y desabridos de las tumbas.
Otros caminarán por rumbos donde no hay dolor y escribirán membretes
en  las grutas y hasta mundos en calma donde se asoman los pájaros.

(A cada quien le asiste el derecho a lidiar con sus propios espejos endemoniados;
falsear las catástrofes, y hasta despertar las cavernas del submundo
y andarlas en los bolsillos, por si acaso.)

Uno acude al llamado de los imaginarios: boca y palabra se hablan entre sí;
del otro lado de los ojos, arden los cielos oscuros, las miradas eternas
del reproche, el goteo desleído de las culpas.
Nunca duerme el mundo pequeñito de mi pañuelo, ni los mordiscos líquidos
de las pestañas, ni la cavidad almidonada del entresueño.
Ahora sólo duelen los brazos arrimados al trapo viejo del horizonte.
Barataria, 08.III.2017

miércoles, 19 de abril de 2017

PUERTA ABSUELTA

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PUERTA ABSUELTA




Alguna vez siquiera en lo más remoto de la tormenta, un escapulario
asomando entre los balidos crispados del tiempo.
Es necesario ver los peces en la escarcha de los ungüentos.

Morder las peceras donde se deshace el humillo de los burdeles y el abanico
mojado de las muecas: siempre entibio, por si acaso, el alboroto de sal
de mis sueños, los ángulos que van dejando los suspiros,
la pócima de cuerpos exhibidos en la parsimonia,
las inocencias sin emolumentos, pero sí, con dentelladas galopantes.

A voluntad de la piedra los caminos sinuosos y las distancias sudadas.

Dejo soterrado al país que sofocó mis desvelos; acomodo mi saliva
como telaraña,  entre todos mis cansancios.

Envejezco de sellos postales esperando nuevas noticias: sólo quiero 
contagiarme de prójimos en este día cerrado de chuchos y laberintos.
Justo es entender los miedos y su aliento de espesas colillas.

¿Quién escapa de las raspaduras del ansia? ¿Quién de la desabotonadura
de los gallos a deshora? ¿Quién de las ventanas torcidas de las braguetas?

—Siempre resultan increíbles las arrugas de lo inmóvil y el parpadeo
descalzo de los pensamientos.
En la jaula dislocada de mis sienes, el ardor de la pecera en mis manos,
la intensidad de aquella pócima inocente en mi boca.

Mañana pensaré si he existido. Mañana, allí, en el hueco de la fosa.
Barataria, 06.III.2017

martes, 18 de abril de 2017

DOBLECES

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DOBLECES




Del lado de la oscuridad la ramazón chamuscada del aliento. El silencio.
La noche se adentra, gradual, como un cuchillo en mis latidos.

—Dueles, —digo, como una perra en celo— en medio de mis brazos.
Dueles, hora de alfileres.
Dueles de esqueletos y huesos.
Dueles de tumba y pestañas de ceniza.
Dueles sólo de tierra amortajada.

Arden las pesadumbres juntas como el carbón de la noche, como el enredo
del aguacero de los remolinos, mientras palpo la gota de luciérnagas
en mi sed de palabras: trastabillo en el frío quebradizo de las aceras,
atenazo mis dientes en las amarillas arrugas del fuego,
en esa grieta mordiendo mis ojos.

Hay semanas vencidas y dobleces de tizne, semanas empapadas de rodillas.
Hay soledades cuyos filos degüellan pájaros y beben tatuajes.

Se muere de falsedades y tropezones y despenicados cuervos. Se muere.
Se muere en la espera de la justicia, amoratando los recuerdos.

—Dueles, —como los muertos asidos al pecho—, junto a mi voz.

Nunca entenderé la ladera que habita desde tempranas horas,
ni sus patéticos eriales, ni su pobre brillo.
Desde siempre, las sílabas interminables del sonambulismo, las mismas sombras alrededor de mi aliento. Total, callo en la intensidad del deshielo.
Barataria, 04.III.2017

lunes, 17 de abril de 2017

CUADERNO DE NAVEGACIÓN

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CUADERNO DE NAVEGACIÓN




Cada vez la noche desabotona sus aguas oscuras: ciega la desnudez redonda
del ombligo; suben y bajan los pensamientos entre los dientes.
(Se encorva la viscosidad recalentada, el fermento del bajío. El terroso calor
del objeto humano, la genealogía sumaria y oscura de la tinta.)

En ese abismo inédito al que aludo, intento darle sentido a la brújula
y certidumbre al hartazgo como un ave de rapiña.

Navego en el cuaderno de piel de tu quimera despierta en mis manos.

Somos los dos al mismo tiempo los que convertirnos el cuerpo en otro lenguaje;
en otra sombra de rocío y brasa, en otro tren de absortas aguas.
Ardemos de terrible lluvia en el claustro hondo de los brazos y la boca.
Emerge la avidez de terciopelo de la planicie inaudita del rayo.

¿Podemos escribir sobre la noche nuestro propio misal? Esta historia
de campana del poniente, esta escritura sin horario, fértil de ardimiento.
Un hilván tras otro nos amarra. (Todo el destello del cuerpo circula
en la anatomía, en esa magia de luz que cambia rostro y acelera el pálpito.)
Ya en la última página de los sucesos,
entramos al silencio por aquello del saqueo: queda allí, perdido en los poros,
el secreto tatuaje del discurso, la imagen exacta del poema.
Aquí, la necesidad de inventariar la historia y el cómo, entonces, sostener
ese regazo para que nunca llegue la sombra de la noche.
Nunca más la casa oscura, sino la germinación del vuelo y tu olor perenne.
Barataria, 02.III.2017

sábado, 15 de abril de 2017

DELETRO DEL CAMINO

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DELETRO DEL CAMINO



Sumergido en ese pozo de los ojos, el deletreo abisal de los caminos.
¿Hacia dónde el diente no arquea la lengua, ni retuerce
la perpetuidad del granito? ¿En qué hambre se mutila el hambre
de los cuchillos, la voracidad desnuda de las osamentas y la bruma?

Comienzo a entender la desnudez que rasga las ojeras. Los códigos de sal.
Sumo el éter en el hueco de una lágrima.

A veces sólo me interno en lo visible del crepúsculo y sus trapos viejos.

(Alguien me dice que es época de segar los esfínteres.)

En los ojos, la ruleta rusa a punto de cortar la garganta. Al cabo es así.
Amarillean las noches descarnadas y la contrafigura de los espejos;
en la aridez, sólo soy huésped de lo inútil, de las sombras que nos dejan
las vísceras, de su orilla en la ondulación de la saliva.

Es casi segura la dilatación de las pupilas y el jadeo postrero que exhala
el perro frente al zumo de mundo que suelta la perplejidad.
Entonces desaparezco en medio de la neblina de la noche: interpelo 
al horror y a su boca de furia y a sus repartidores de cansadas víctimas.
El filo vomita en mis brasas.

En la entretela de los vértigos, florece el humo espeso de la ceniza.

(Siempre es mi alma la que late en silencio, aunque no exista mi nombre.
Un instante al revés para ver el alba. Aun en lo remoto lo inextinguible
de la tierra, la tierra embriagada de mi sangre.
Qué más, abrir con vehemencia el infinito, la claridad apenas de lo incoloro.
Deletreo el camino mientras huyo: la desnudez siempre desvela)…
Barataria, 28.II.2017

jueves, 13 de abril de 2017

NOCHE ANTICIPADA

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NOCHE ANTICIPADA




Era el cielo o el pulgar de las sombras entregado al chirrido del extravío era el cuerpo y sus húmedas palabras apiñadas en el pecho era solo la infancia y la sed comenzando sus olvidos en la garganta era la noche anticipada de granito y sus calles de alfileres inmóviles y sus ojos de vinagre y sus alas ciegas de arrullos y sus dientes de líneas imprecisas era la aurora acolchonada en las manos del suicida a veces repicando en los párpados como una luciérnaga era el corazón nacido entonces en el grito de las sombras era la niebla y sus piedrecillas de plumas era el tiempo sin relojes al lado de mamá

(Detrás del aliento se abren los sarcófagos y sus pinceladas de salmuera: ahora sólo hay lluvia alrededor de la almohada a menudo amarro las mortajas como pájaros de un goteo interminable otras veces busco el atajo a los desvelos y a las amarillas manos de la hojarasca)

Avanzo sin embargo junto con mis cansancios porque todo viaje es infinito
Barataria, 25.II.2017

martes, 11 de abril de 2017

VIENTO DEL SUBSUELO

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VIENTO DEL SUBSUELO




El cuerpo mudo en las ahorcaduras de la noche gris la mano de las ventanas frío el equilibrio de la respiración y su hueste de murciélagos cada vez es mayor el extravío las aguas cosidas de las palabras la noche de humedades indecibles duelen las carpinterías y su madera destrozada de olores siempre es un desierto la sal sobre una lápida o los amarillos sinuosos de los incensarios el aliento todo eterniza su pellejo herrumbroso en los ecos no hay instante claro para abrir las bisagras ni contemplar la desnudez que han hecho las ojeras: siempre vuelvo a lo humano que tienen los dedos de la estampida quizás a la orilla de mis manos donde se suicidan las campanas junto a mi muerte el cardo de los sueños y esta tempestad de sombra y este otro lado paciente de la niebla y esta turbiedad de relojes náufragos

Antes de cualquier nombre la usura de las alas y la llave del viento en el subsuelo del granito y el disimulo con su tiranía

El silencio tiene esa algarabía de lo denso guarda la luminosidad muda de los féretros la ramazón tronchada de las sombras en los párpados

No hay atajo que valga a los ojos ni goteo que deje de ser aguacero…
Barataria, 2017

domingo, 9 de abril de 2017

OJO EN TIERRA

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OJO EN TIERRA




En el ojo de tierra del pecho, los relojes de sed y sus extremidades. Sucede siempre que en algún lugar: cascabelean las avispas de los pensamientos, verdes de fuego los pájaros, ebrios de salmuera los goterones pestañosos de las aldabas. Siempre persigo hasta el más mínimo vacío en medio de la hojarasca, en la bocamanga desabrochada de los trenes, en las pringuitas de saliva de los colibrís. Siempre estoy ciego como las sombras indefinibles de las alas. Llueve en la librería superior de los pinos; en lo recóndito, humean lentos tambores y fieras idolatrías.  ¿Quién preside la luz después de todo? Abro la sombra y la luz de los recuerdos y deshago los techos convulsos de aquellos recuerdos u olvidos.

En el silencio osificado de las palabras, la opulencia ciega de los párpados. El querer asir todo los imposibles, saciar la sed del prójimo. (Sobo el atrio de los sarcófagos; araño la tierra desabrida de las semanas.)

Hay ecos como piedras que lloran en el aliento y hedores de fusionado masoquismo. En medio de las vértebras, sólo se ven las infusiones solapadas de la tortura cotidiana.

Después, alguien se lava las manos. Honradas manos del granito.
Barataria, 2017

viernes, 7 de abril de 2017

SUEÑO DEL NOCTÁMBULO

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SUEÑO DEL NOCTÁMBULO




Nada duerme en la deshora de la noche: arde el espejo en lo descampado.
Las aceras amarillas que embisten, el murmullo sin desvanecerse.
Van y vienen las fierezas de los comensales
y su desnudez de sueños desatados: sus desgarrados nombres son aluviones
de infancias destrozadas.

El fondo decapita las aguas fluviales  de los párpados, el pecho rutilante
de los caracoles, los anillos de los brazos como danza de cuchillos.

Gotean los puntos cardinales de las esquinas su piel de arañada sombra.

Detrás los jirones de los trapos viejos del sudor, el rocío petrificado
de las sombras, el almidón de los huecos de la multitud.

Las tumbas juegan a lo desabrido de las bocas, a las bocas embrocadas
de dentaduras mutiladas, a los caminos interiores que pesan en los cadáveres.
Crecen las piedras subterráneas de la piel; danzan los ecos inclinados
del sexo, es una danza póstuma de paisajes siniestros,
una danza de retumbos noctámbulos y encendidas depredaciones.
Una danza de guijarros umbilicales,
Una danza de largas cenizas y anónimos inciensos.

Veo el fermento en el temblor del parpadeo emerger de los basureros.
Pero sigo aquí en medio de la hojarasca del aliento, exhausto de caverna,
hondo de ruidos y afiladas oscuridades.

(Después de todo, no existe ningún lugar sin su propio suplicio, ni aguas
invernales carentes de jadeos y humo, ni hartazgo de entrañas)…
Barataria, 19.II.2017

miércoles, 5 de abril de 2017

EXTRAVÍOS DE LA MEMORIA

Pintura de Antonio Berni (1905-1981)





EXTRAVÍOS DE LA MEMORIA




Sobre el árbol de luciérnagas, los extravíos de la memoria y su metamorfosis.
En plena noche las estrellas grises de los espejos son islas penitentes.

(Apenas el colmillo de las palabras como un espantapájaros;
como pequeños rostros disueltos, la demasiada memoria de sonidos,
la lengua aguda de las estampidas,
el duelo de los pronósticos, la zambullida en cuclillas hacia los sueños.
Calla la sal en sus caballos granulados o avanza la piel calcinada de la entraña,
o desfallecen las cucharas azules frente a mis ojos.
O los rostros de polvo arrastran las calles como si se tratase de una lluvia,
o la tierra martillea en los talones,
o crece lo imprevisible de los transeúntes con sus meditaciones suplicantes,
o suelta el corazón sus aguas pálidas, su delgado hielo de alambrada,
o brota el olvido para reverdecer en otros nombres,
o nos empuja el ojo hacia el pájaro bizco de la deshora,
o nos muerden las cabuyas con su bestial boca de humo, casi como escupida
de nube, entre clavos colgando de sartenes,
o arrancamos los gritos a los titiriteros con zancos, a los agujeros que rubrican
el escalofrío, hasta bajar a los resumideros,
o  mordemos el paraguas de helechos de los moscardones,
o enloquecemos en la pestilencia sexual de la dentadura de los afrodisíacos,
o nos quedamos allí en el agravio del doblez de uñas con risita de penumbra.)

Después de todo, uno siempre es una especie de extravío…
Barataria, 2017

lunes, 3 de abril de 2017

CARCOMA DEL SONAMBULISMO

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CARCOMA DEL SONAMBULISMO




Hinchado de carcoma se insinúan los sonambulismos y su regocijo de grito.
Una carcajada desanda la piedra pómez de los caminos.

Siempre alrededor las alambradas del miedo y las sogas enrolladas
al cuello y la luna amarilla colgando de los párpados y los relinchos líquidos
del espejismo y los güishtes hurgando en los sentidos.

Trepan las campanas calladas de las telarañas, los pespuntes inválidos
del pellejo: cada cicatriz arrastra ciertas demencias, ese nosotros evasivo
del hollín en pequeños candiles de querosene.

Ante el prójimo envejecen las ropas según las paredes que nos ciegan
de adobes y bahareque, según la argamasa del grafiti que no cesa.

El dintel de la melancolía se nos muestra convulso, casi como una calle
atemporalada de pantalones solos y altares inenarrables.

Con todo y la aridez de los incendios, me vuelvo al precipicio del musgo
invisible quizá porque allí puedo andar descalzo.

—Todo tiene sentido cuando sangra el juelgo de la infancia.
Hay evidencia del amargor de los escotes y de las arrugas retorcidas
del parpadeo: azota el hosco gargajo de los rebaños y el tiempo mísero
entre los dientes. El atrio torcido de los brazos.

Sangran las rendijas de la respiración y la esquina divisada de los afueras.
Jamás la oscuridad deja de golpear como un metal compulsivo.
Empapado de calles no siento los ojos, ni el sarcasmo del cielo prometido.

(A ella siempre le digo que se aleje de mis pestañazos de locura,
o que guarde mi pálpito sin anteojos, en su ombligo)…
Barataria, 14.II.2017