lunes, 29 de septiembre de 2014

OFICIO DE DIFUNTO






OFICIO DE DIFUNTO




Debo esconderlo en lo más íntimo de las venas
el Antepasado de la piel de tormenta surcada por relámpagos y rayos
mi animal guardián, debo esconderlo.
Léopold Sédar Senghor




me muerdo los calcañales con el escalpelo de las uñas allí los poquitos de tierra que he ido acumulando para los días postreros el reloj de la muerte empieza a estremecerse en medio del tumulto de los ataúdes del olvido: pienso en los sepultureros de hoy de mañana de siempre en la tumba de los pensamientos donde la memoria se aletarga en la cuchara de madera impermeable de los murmullos del origen que cruje de hambre sin disiparse todo el día platico con los muertos y con esos peces de la noche que discurren en mis huellas ¿tiene algún sentido, después de todo? en el vagón de los ojos la travesía de los rieles toca fondo:  me conmueve la reventa de los periódicos en lugares donde ya han oscurecido las ventanas ¿en qué otros sitios no se ahoga el aliento ni el espejo es dardo inminente?  somos emporio de ojos fenecidos en el lupanar inmutable del universo —a menudo vos y yo enterramos tristezas insolaciones atrios con residuos de zapatos (siempre alguien en algún lugar me pregunta por la claridad en la respiración solo las paredes son tangibles y los perros que aúllan junto a los grillos como en un juego de carcajadas siniestras) desde siempre heredamos este oficio de difuntos el poder sobre la vida y la tierra ¿qué fue de nuestra ropa? acaso las mortajas envuelven monumentos nada ha quedado en los bolsillos ni el hedor de la mística del Paraíso ni el contrabaile de la saliva ni la salud mental de la cruz colgada del cuello de los ángeles ni la dulzaina oscura de las sombras ni el alma esotérica de lo improbable me declaro fiel a los aperos de las criptas a los sueños que dejan una escarcha de frío al caballo del destierro del entrecejo: el mundo es gracioso sin Platón sin Shakespeare sin Otelo sin Hamlet sin la fierecilla domada de muchos rostros inocentes cabalgamos maestro de la Triste figura: nos ríe la muerte cuando se inclina sobre nuestros hombros ay una ínsula para mis titubeos una ganzúa para colgar las dudas nos faltan actores para continuar con el festín de las luciérnagas (para colmo ya no recibimos tarjetas postales) la anemia no es idílica bajo la lluvia en los costados (vos) la vieja lengua de la herida la goma de mascar agria de los bueyes los pruritos de la muerte diaria culpable o no en el tafetán de la salmuera repudio las imágenes y semejanzas el infortunio de los deseos las leyes del desfallecimiento en el detonante del orgasmo ¿de qué están hechas por cierto nuestras exequias? ¿desde qué garganta vislumbramos el camino? todo está pensado para hacer un testamento de embudos así me lo dices al momento de jugar con las canicas de las sombras: así apuntan las cuarenta noches en el dintel (sigue la escena con todos sus equívocos) no admito otra obra de arte sino la paternidad de los sepultureros el mísero atrio del bocado los bestiales incestos de la ceguera mañana desde lo inhabitado contemplaremos la duración del tiempo el invierno doméstico de nuestras propias respiraciones (pañuelos y zapatos harán la misa) es gratis después de todo la imaginación y esos sedimentos de madera en la respiración del grano de mostaza…
Barataria, 27.IX.2014