jueves, 18 de septiembre de 2014

LABERINTO

Imagen cogida de la red




LABERINTO




Me declaro impotente fuera de mis zapatos. Por doquier el ojo abre laberintos,
y heridas que quedaron en las sombras del aliento.
En medio de tanta nostalgia, las luciérnagas se vuelven un tabú en los encajes;
en el apogeo del insomnio, los centímetros del mar y su forma consumada.
¿Hacia dónde tira el horizonte sus lentas calles?
Desde la perversión de la almohada, ¿qué rumbo tiene el hambre y su secuela?
(Siempre hay horas postreras para la defunción de los cipreses)
Al menos eso me parece cuando quiero fugarme de los sobresaltos.
En la hoguera flotante de las puertas, el gran teatro de los sueños echado
al agua de las acequias: gotea la luz peces de polilla.
Cuando madura lo irremediable, es desmedida mi propia miseria.
(Supongo que también el silencio es un laberinto con sus propios designios.)
Barataria, 17.IX.2014