domingo, 23 de junio de 2019

BÚHO INAGOTABLE

Imagen cogida de Pinterest






BÚHO INAGOTABLE




Entre las aguas de los invernaderos de la noche, el búho inagotable
colgando del hilo oscuro de su origen.
A veces, mientras duermo, abro las puertas del subsuelo
y el paraguas hosco de tantas extrañezas. Y las axilas del ansia.
De lo inevitable tengo los días de desatino, el zoológico
de mi locura, los disfraces guturales de los bufones de la náusea.
En el lugar de la danza febril de los peces,
la cristiana floración de mis fantasmas, la boca de la orfandad,
y las palabras de luto sobre la lápida del viento con su dolor.
Aquí, la oscuridad está enraizada en mi aliento y blasfema, pródiga
en la autodestrucción de mis recuerdos.
Debajo de los hongos sudorosos y prostituidos,
el hueco de hambre en los caminos empedrados del paraíso.

Del libro “Estación Huidobro”, 2019
©André Cruchaga


jueves, 20 de junio de 2019

FOTOGRAFÍA

©Imagen cogida de Pinterest





FOTOGRAFÍA




Dos cuerpos enlazados domestican la eternidad.
Todo lo demás es penumbra.
Vicente Huidobro




Sobre la eternidad lloran las aceras: agua del tiempo con pájaros
y dos eternidades a punto de inmolarse;
allí, en la luz, la llama de los pétalos y ese fluir de dos cuerpos  
que rompen los ojos en la tibieza sonrosada de la sed.

(Toda intimidad cobra vida en la memoria.
Ésta que comparte el azúcar del aire.)

Junto al gajo del aliento, esta forma de ser todos los días:
realidad o ficción de las palabras en medio del murmullo.

Siempre existe una suerte de magnetismo a mitad del respiro:
cada vez reasumimos la semilla que nos despierta el pulso del ala,
(el ojo en un instante transparenta lo eterno)
—la ternura, de pronto
es un oasis que nos habla desde ciertas profundidades…


Del libro “Estación Huidobro”, 2019
©André Cruchaga
©Imagen cogida de Pinterest

lunes, 17 de junio de 2019

INFIERNO DEL PARAÍSO

©Pintura de Debora Stewart





INFIERNO DEL PARAÍSO




Al fondo del crepúsculo
                                Venían los mendigos semi-desnudos
Vicente Huidobro




Desde las insolencias hasta el hartazgo, encontramos en los portales del crepúsculo. Ahora tomamos frasquitos de desgracia, al tiempo que despeinamos banderas, o golpeamos nuestra atalaya desde una cama de harapos. Al pie de calles acongojadas, el grito imagina laberintos como la celda oscura del hambre. Todo se confunde en una ciudad de hoguera permanente. Ante el buen deseo de las normas de urbanidad, la indiferencia hace fenecer las utopías: toda la orgía hace su propio cráter como los infiernos que alberga el Paraíso.

Del libro “Estación Huidobro”, 2019
©André Cruchaga
©Pintura de Debora Stewart

jueves, 13 de junio de 2019

JUEGO DE ESPANTOS

©Pintura de Franz Kline.





JUEGO DE ESPANTOS




Siempre el mundo es una pesadilla almacenada en mi tinta.
Un alucinógeno de viejas carcajadas a la hora de dormir:
el sueño arrastra incertidumbres y náuseas y cicatrices de ventanas,
túneles de alfileres con ráfagas de locura y ceniza. Fosas de fuego.
En el silbato de la lluvia de faroles nocturnos,
la ráfaga de una lágrima horada inenarrables hondonadas,
como aquel lugar nómada de gemidos compartidos.
Ofrezco desde el subconsciente, otro mundo de confesiones
sin héroes, acaso la mejor forma de ver al mundo.
Río de los ascos y de las corbatas que se restriegan en la cara,
de este insoportable mundo de carnicerías humanas,
de la bestia que aguarda junto a la cama y nunca de fatiga.
—¿A quién espero a esta hora de la noche? ¿Quién llora al cruzar
los pretéritos, aquella constelación a quemarropa?
“El espectáculo es tentador y tiene los atractivos de un juego mortal”,
un juego de espantos y cataclismos.

Del libro “Estación Huidobro”, 2019
©André Cruchaga
©Pintura de Franz Kline.

miércoles, 12 de junio de 2019

CÓNCLAVE DEL INSOMNIO

©Pintura de Andy Goldsworthy





CÓNCLAVE DEL INSOMNIO




En el cónclave del insomnio, los barcos hacen su introspección
hasta la piel volcánica de la saliva.
Grandes son las paradojas a la hora cero del vómito.
Aquí hay un destino de impaciencias como quien se ve al espejo
de manera obsesiva. Pero es la misma historia del ojo.
El mismo extravío de los expedientes de un psicólogo aferrado
a la conducta fatídica de la neblina.
Yo me río de la felicidad con algún desdén. Es lo menos glorioso
que existe cuando uno se arropa frente a la existencia.
Nadie duerme en el umbral de calles embrutecidas por el hastío.
Y eso duele y envilece. Duele como plenitud deshecha.
Eso hace audible los grises a la medianoche.

Del libro “Estación Huidobro”, 2019
©André Cruchaga
©Pintura de Andy Goldsworthy