miércoles, 30 de noviembre de 2011

AQUEL SAHUMERIO DESDE LOS POROS


En cada río de jadeos, el dilatado folio de la hoguera,
 instala el costado en las sábanas, dispara el secreto del azúcar
hacia la boca, hacia la clave del alambique del sahumerio…





AQUEL SAHUMERIO DESDE LOS POROS




Aquel sahumerio desde los poros como la textura de un perfume ancestral: noches enteras quemando el incienso de los encajes, la luz abriendo las fojas del cuaderno, el aire en la vitrina de las pupilas, después los rastros arrancados de la memoria: días al acecho en el desván donde desclava los labios el arcoíris, este metal o madera suavizada a garlopa, la luz como un farol planetario en el espejo. Cada palabra es una llave durante los días de la semana, en medio de la lluvia, la humedad nos envuelve sin aniquilarnos, sin dejar de ser ese murmullo de la brasa galopante, el grito dúctil en la alforja de los poros, la señal de que el cielo nos alumbra sin declives ni olvidos, sin rejas ni osamentas. En cada río de jadeos, el dilatado folio de la hoguera, instala el costado en las sábanas, dispara el secreto del azúcar hacia la boca, hacia la clave del alambique del sahumerio…

Barataria, 29.XI.2011

martes, 29 de noviembre de 2011

INVOCACIÓN A LA SALIVA


Contra el día, el oficio de humedecer las vísceras de la llama,
la ebriedad del entresueño,
también las criptas oscuras de la ceniza, el desvelo transpirado,
Listo para morder el dorso de la sal, las esquinas de los huesos,
el sabor aferrado a ventarrón.





INVOCACIÓN A LA SALIVA




Espera que la plancha haya quemado la camisa de rocío
para hacer florecer en ella el reflejo del cristal escondido…
BERJAMÍN PÉRET




En la boca, la saliva brama sus litorales, ¿de qué estás hecha
para morder los crepúsculos, el pulso claro de las palabras,
los peces del fuego? Gira alrededor la ráfaga de los minutos,
deambula la ebriedad de los sótanos,
los superhombres de la ficción, los silogismos de la penuria,
esta suerte del vaho en la esperma que emerge con la doble cara
del día, el ardor clava sus estanterías en la carne,
saliva explosiva de las sombras de la garganta, de la grieta del esófago,
de nuestra íntima respiración de fósforos,
agua marginal donde se respiran telarañas como bosques mitológicos.

Contra el día, el oficio de humedecer las vísceras de la llama,
la ebriedad del entresueño,
también las criptas oscuras de la ceniza, el desvelo transpirado,
Listo para morder el dorso de la sal, las esquinas de los huesos,
el sabor aferrado a ventarrón.

(Venid aquí, llaga desterrada de la lengua, estación purulenta
de la boca, venid, terco furor del cuerpo,
a repasar los típicos sonidos del fingimiento, de este mundo animista
en cierto modo, desazones de sueños agridulces,
albañales sorbidos por los trastos extraños de los días.
Entra a los mudos utensilios del frío, a la catedral pétrea
de la oscuridad, a la música irrespirable de los nudos que la voz
hace cuando flamean oídos y aromas,
Máscaras más nítidas que las vitrinas reales del día a día.
Así como en la boca, arrasa contra lo insustancial…)

Ven afilado collar de los sabores, herida del cuerpo o diluvio,
hosco pezón de la cuerda del equilibrio, hiriente en cada flor
de las palabras, contra-azúcar, digamos, en la vida secular del beso.
Nos enfrentamos al relucir diario de la desnudez,
a menudo, a la ironía de las esferas,
solos, caras y monstruos; palabras gravitando en el fondo
de la boca, ebrios taburetes, agarrados absurdamente
de las extrañas escaleras de las telarañas, de la sombra mordida
por el perro callejero que deambula en lo oscuro para jugar
con las tumbas despiertas de los matorrales.

He visto cuando el eco se empantana en el aleteo de las calles,
cuando la querella revive lo áspero,
ansias de adversa sal en la comisura del traje que viste la neblina,
las agujas del acoso cuando la respiración se vuelve tortura,
el llamado a preservar la fragancia de las ventanas.
Por supuesto le doy la bienvenida a todo lo que revela la saliva:
el vértigo que nos describen los anzuelos, el placer de dispersarse
en el aire e intimar con la claridad naciente, hasta volver
al trance de las alacenas, a la cocina del ombligo respirado.

Barataria, noviembre de 2011

lunes, 28 de noviembre de 2011

TE QUEDAS CABALLO AZUL


Te quedas caballo azul en el lavatorio blanco del cielo
junto a la luz oscura de los ascensores de las nubes,
cuyos dinteles me recuerdan los sombreros ceñidos al último recuerdo,
al espejo púrpura del sexo cruzando la estampida del fuego.
Imagen tomada de Miswallpapers.net




TE QUEDAS CABALLO AZUL




Te quedas caballo azul en el lavatorio blanco del cielo junto a la luz oscura de los ascensores de las nubes, cuyos dinteles me recuerdan los sombreros ceñidos al último recuerdo, al espejo púrpura del sexo cruzando la estampida del fuego. La lluvia tiene frondas de ascuas, ríos donde la imagen bebe las flechas de las olas anudadas a los pezones de cada silbido del cuerpo; es una ciudad destilando catedrales de enredaderas, atrios de luz incendiando los ojos, ¡qué oquedad es está donde se hunden mis manos como la sombra del folio en la fruta madura, en la sed sin capitular en la lengua? Azul, también este cuerpo en la extrañeza, meses de transpirar sin oxidarnos, espejos innumerables como juego de trenes, abiertos al vilo en el vagón del gozo; de par en par siempre en la redondez del orgasmo, en la cubeta de la memoria donde el vaho es ráfaga de viento. En el río de la piel, la balsa sacudida de la fantasía, las aguas en la red de los párpados, cada folio en la vitrina del quejido. En el silencio, los pájaros y la espuma, el rastro dactilar sobre el relieve embalsamado de lo poseso: la llave al mar del tránsito…

Barataria, 27.XI.2011

domingo, 27 de noviembre de 2011

UN MAPA. UNA PUERTA.


la noche es tan antigua como mi sed, como la necesidad de sábanas,
ante el acecho oscuro de las estaciones. “Duélete”, decía Góngora,
me duelo en consumir estos jardines opacos, casi inciertos del aliento.
Imagen tomada de Miswallpapers.net





UN MAPA. UNA PUERTA





Un mapa, una puerta: el desvelo igual que las tablas de multiplicar, los algoritmos del horóscopo, a veces la bruma llena de mí, distraído en la puerta que da paso al destino: ayer, hoy, el oasis de ciertos nombres, el espejo decisivo de la vida sobre el ansia, el eco del cilantro en mis manos recaídas, ver la tierra, esperar con vos, desenrollar la aurora de la lengua bajo la sombra de una nube infinita. Salgo. He salido de tantos espejismos: la noche es tan antigua como mi sed, como la necesidad de sábanas, ante el acecho oscuro de las estaciones. “Duélete”, decía Góngora, me duelo en consumir estos jardines opacos, casi inciertos del aliento. Es casi la “Estación total” de don Juan Ramón, la tarde, la gangrena sobre la herida. Y a fe de tantas cosas, digo, como don Luis de Góngora: “Todo se halla en esta Babilonia,/ como en botica grandes alambiques,/ y más en ella títulos que botes.”

Barataria, 25.XI.2011

sábado, 26 de noviembre de 2011

CON FRECUENCIA HIERVEN A DESNUDEZ LOS CABELLOS


Hoy toco las vocales intensas, íntimas del territorio de tus brazos,
la rosada guitarra de tu ombligo, las lunas detenidas en tu espalda,
el río obligatorio del día con tus evidentes poros de hambre.





CON FRECUENCIA HIERVEN A DESNUDEZ LOS CABELLOS




nunca los búhos tuvieron los ojos tan redondos.
ROSA ROMOJARO




Con frecuencia hierven a desnudez los cabellos; a veces me pierdo en esos jardines sin traje del agua, cataclismos de piel sobre piel vívida, sin envejecer de olas y mar las manos, la ternura que cae como una iglesia mojada en el trueno del suspiro. Sobre la cúpula, la cópula verde del relámpago, collares de gotas diminutas en el desfiladero, pan desmedido deslizándose en mi pecho, piernas como lirios en mis ojos. Húmeda carne sobre el ala del lecho. Hoy me reencuentro sin vacilar con la madera suculenta del pescador en la atarraya del balcón y flotan los peces, en rebelión hacia el poema de tus muslos. Hoy toco las vocales intensas, íntimas del territorio de tus brazos, la rosada guitarra de tu ombligo, las lunas detenidas en tu espalda, el río obligatorio del día con tus evidentes poros de hambre. Hoy, aquí, hinchada en las espigas del camino, respirando el silabario, lamiendo la habitación de la furia…

Barataria, 24 de noviembre de 2011