jueves, 1 de enero de 2015

ECOS DEL GRITO

Imagen cogida de eltiempohabitado.wordpress.com




ECOS DEL GRITO




A la hora resignada, este remedo de voz, furtiva carne sin dioses, ni rezos.
A lo lejos, se oye el gris de la niebla, el diente sordo del titubeo del mar,
el grito de todos los ahoras en el misal de las afrentas.
En la cercanía del cuerpo, todas las monedas ahogadas del disfraz. Toda la ruda
sobre la joroba del acantilado.
El grito imprime su filo en el dorso y sangran las cortinas de la eternidad.
(A menudo, uno supone que no existen más horizontes al juelgo ardiente
del resabio, y que se debe estar condenados al oráculo del silencio.)
Nunca he sucumbido al hoy y sus demandas, cada quien talla su impronta
aunque muera en el intento.
Siempre ando desarmado como las semillas. La culpa, que no es mi bufanda,
retrata con cierta sutileza, las diversas sombras que habitan
en el dispensario de la hoguera. (Hay que nacer de nuevo y no entre espejismos.)
Seguro que será mañana el desvaído del grito, sin ninguna señal de proeza.
Barataria, 30.XII.2014