domingo, 18 de enero de 2015

ALGUNA VEZ

Imagen cogida de la red




ALGUNA VEZ




Alguna vez he visto el fondo de la brisa secar las semillas, morder los extravíos
del viento, acurrucarse rociado de melancolía: para lamer el vello púbico
del calendario, es necesaria la liebre saltando sobre la piedra, morder al pez
salpicado de fotografías o colgar los juguetes en la barba del contagio.
En la tormenta de guijarros, los apóstoles barnizados de confeti.
En la hemorragia de la boca, aprendí los diferentes significados
de las simulaciones, el simulacro de las estaciones que caen al vacío, la mancha negra 
del mar en fósiles de hormigas.
Pasa, que en la taza del tiempo, no caben todas las anáforas y los retruécanos:
—vos lo sabés aunque usés Clean mint en los monosílabos, en la viga que entra
al ojo como otro espejo que arrebata la propia imagen.
Hay vaticinios que se ocultan en el ala del pájaro y en el horizonte de la polilla,
y flotan como prometeos en la piel.
Alguna vez, hasta el cuello, la armadura sin jinete acercándose al aliento.
(Siempre me quedan dudas cuando ciego de colores busco alternativas para abrir los ojos.  A menudo, no hay más itinerarios que la alta noche, que esta
ignorancia de ser cebo en medio de la avalancha de lo inexplicable.)
Al otro lado de las esquinas del silencio, la lengua del agua
Y sus resignadas flechas: imágenes acurrucadas frente a la fábula de la voz
obcecada del asedio. Siempre es así cuando estamos en el mundo.
Barataria, 17.I.2015