martes, 30 de diciembre de 2014

ABIERTA CORROSIÓN

Imagen cogida de la red




ABIERTA CORROSIÓN




Sobre el techo, las aguas oxidadas de las horas. ¿Acaso delirio del moho?
El pecho corroído de las esquinas de los espejos, —cada cual donde su sombra
deambula en la boca amarilla del umbral.
En el paladar ensombrecen las sombras, el haz de humo
que envuelve los sueños, la fuga del no ser repetido en aceras desiertas.
En las semillas, a menudo se repite el terror, la artimaña que mastican
los matorrales, el infierno que a golpes nos adentra en su furibunda emboscada.
En el ojo avanzan los bisturís ciegos del letargo;
en el metal de la efervescencia se gestan las crines desorientadas del viento,
las uñas de la herrumbre,
los brazos resbaladizos de la melancolía y la idiotez.
(De la línea ferroviaria a los durmientes, el gesto retorcido de los pernos.
Los orificios agudos del frío, esta manera de descender de los sentidos.
Exaspera la garganta cuando enronquece de murmullos o silencios.)
Si algo nunca se cierra,  es el trajín sobre la piedra del desencanto, 
el eco sordo del arado y su sombra de ardores desprendidos.
Tras el disparo de las convulsiones, el horror con su fatigoso trabajo.
Barataria, 29.XII.2014