lunes, 15 de diciembre de 2014

DESTINO

Imagen cogida de la red




DESTINO




Transitar siempre en calles desiertas; al final, incinerar mi propia escritura.
Tartamudear frente a las puertas y morir de indigestión en una mesa vacía.
Contemplar los días que huyen desde mis dientes con todos los sótanos
de la desesperación: siempre me revelo ante la estupidez  de los antros
sin arrepentirme; después, el espectáculo que provoca el pánico.
En la calle me espera el altar de los cuchillos y el pizarrón de las esquinas
con sicarios de desfigurada cruz.
Se desploman las palabras. A mitad de mi vida, pienso todavía en lo irreal
del alba y en la maleza que muerde los armarios.
He vivido los incendios del mantel vacío con su bodega de moscas.
En la estación del más allá, vislumbro los murales disfrazados solo de grafiti,
y los atrios con su vendaval de diorama.
Desde el sinfín, el sonido macabro de las hormigas.
El destino es esa lluvia que no se alcanza a deletrear en medio de la noche.
Barataria, 19.XI.2014