domingo, 13 de noviembre de 2016

REITERACIÓN DE PECES

Imagen cogida de la red





REITERACIÓN DE PECES




Nos faltan vocales para ensayar la tartamudez: ignoro si en el braceo hay frases
definidas, entendibles para toda clase de público. O existen, acaso, afecciones,
más intensas que las pulmonares. (La verdad es que uno siempre está jugando
al tabú de los sombreros, a los juegos de los dueños improbables,
a los intermediarios del espíritu, a los vaciados de tantas extrañezas.)
Evidentemente mi permanencia siempre es la fuga.
Braceo en los espacios diminutos de los poros, en la ambigüedad religiosa
de la muerte, en las órbitas vacías de las ojeras, el descrédito de los cuchillos.
Uno se harta de la frenética inutilidad de los gritos, y de las escenas civiles
con los rostros ocultos. Me asomo a los dobleces advenedizos de la voz.
En el fondo, no soy yo, ni usted, sino los intrusos, dueños de las equivocaciones,
los que larvan la perpetuidad del poder.
Uno mira tantas ventanas como fotografías tiene la infancia, como respuestas
poseen las páginas en blanco después que se ha cancelado cualquier final.
(A veces el frío es negro en medio de las aguas justo cuando las palabras
se balancean en la noche; hay caminos de sombras abiertos a la respiración.
Fuera de la piel, de qué olvidos podría hablar, de qué ojos cansados…
Nunca he podido bracear como quisiera ante tanto ahogo.
Mientras solo me rodean las sombras, los olvidos se tornan poco adjetivables.)
Nuestras vidas quedarán únicamente en la deshora de los estrépitos.
En los golpecitos de neblina del crepúsculo, las cerraduras del verdugo
y las pesadillas húmedas de la muchedumbre con su énfasis de equilibrista.
Barataria, 2016