martes, 15 de noviembre de 2016

REAPARICIÓN DE EXTRAVÍOS

Imagen cogida de franworldofillusions.blogspot.com






REAPARICIÓN DE EXTRAVÍOS




Hundo mis ojos desarmados en la mudez del silencio y todos sus extravíos.
En el pensamiento reaparece cada fuego del presente, no el último;
emerge el viaje doctrinario de la realidad y sus lecciones de ensordecedor catecismo 
y sus múltiples bocas descampadas.
Un espejo o una cruz reducen todas las miradas postreras de la fugacidad.
Vuelve el áspero ijillo de las cenizas reflejadas en la conciencia.
¿Quién puede desasir la tanta confusión de los diptongos y desnudar
de una vez por todas el frío secular de la desesperación y el nudo ciego
de las manos? ¿Quién puede dejar de ser marioneta suplicante en medio
de historias cansadas, o féretro entre tantas histerias y pestañeos?
Uno de por sí ya lleva herraduras amargas en el aliento.
Ya no me fío en la vida de indigente, ni siquiera imaginarlo. (Antes supuse
que en este país no tenían cabida las mentiras, ni las imposiciones disfrazadas.
Bueno, a veces me desplomo sobre el vómito, o contra ciertas atrofias.
Uno camina tarareando la pesadumbre de todos los días, mordiéndole
los calcañales a los refranes, o simplemente afrontando la sospecha.
Mugen las fauces en el repique de las sombras: hay una sensación de semanas vacías 
como las latas vacías del hambre.)
Afuera solo las paredes o los abismos donde se arrinconan las palabras.
La saliva se nutre de todos los fuegos artificiales y las comedias:
Llegamos a las mismas refutaciones patológicas: hasta la aridez está enferma.
Allí, los políglotas del tiempo histórico enduren sus encías…
Barataria, 2016