miércoles, 30 de diciembre de 2015

UNIDAD DEL DOLOR

Imagen cogida de: miguelflorescastellanos.com





UNIDAD DEL DOLOR




No sólo en el poro, en el aire, en la sonrisa de la materia, este confín tangible
que traspasa flama y aliento: discurre y quema el candil de la memoria.
La dolencia reconoce la ropa y los ultrajes retorcidos del filo de los cuchillos,
los clavos y la madera, adentro; —otros rostros de antaño en la ceniza.
Todos los meses abatidos en la cavidad de la garganta.
Dondequiera la caverna y sus largos huesos de espejos, la ventana del luto,
como un cuerpo: es la sombra perpetua e inaudible entre las manos.
Sólo el parpadeo, o el destino desasido de los rieles.
Memoria y cuerpo en el arbusto de los insomnios, en el goteo de una página
tras otra, en la sal hipotética de los litorales. —Éramos vos y yo.
Pero descendimos a las sombras, temblorosos de frío y miradas.
Muertos de caminar, los despojos acordes al fragor, a la altura del desatino.
El delta del dolor nos hace unidad en las esquinas, o en los callejones.
Ante la llaga que nos cae como lluvia, es preciso un candil de certezas, una luz
que limpie la atmósfera o el horizonte, y anule los espectros.
—Éramos vos y yo. (Mi ropa abruma como los rieles en mi espalda.)
Éramos una sola boca en los astros dibujados en las paredes. Ahora, extraños
en los brazos, en la flor del escombro, unidos en el fósil de los zapatos.
A lo humano que nos desoye, el viento en el dintel de los relámpagos. El viento.
A la fatiga incesante que nos holla de pretéritos, la cobija del escombro.
—Éramos vos y yo.  (Sobre los durmientes fríos mi herida.)
Barataria, 16.XII.2015