sábado, 5 de diciembre de 2015

VENTANAS DESHOJADAS

Imagen cogida de la red




VENTANAS DESHOJADAS




Los meses, apenas nos dejan los recuerdos de las ventanas deshojadas
entre la última fatiga y los años póstumos de la memoria.  En el fondo, uno
no sabe qué es lo que incuba el humo, el horizonte escondido del café
fermentado, los vacíos del pecho después de las mareas.
El tiempo se nos acaba en las hélices del otoño.
Antes fue la inocencia en los travesaños del metabolismo; ahora es la fosa
o el grafiti sobre la pared, el bello cuento de los parpadeos, el caballo de bastos
de lo audible cuando la memoria se rebela contra la fatalidad.
(Yo siempre tengo sueños extraños, muy extraños, como la aparición de conejos
blancos corriendo a mucha prisa, tal Alicia, la Alicia de Jorge Carroll.
También tengo puchitos de orugas azules en mi bolsillo, por si acaso.
Uno nunca lo sabe después de los tantos vaivenes del mercado: aun el mercado
de las periferias o la aparente desviación de los relámpagos.)
—Ahora necesito que me dejes olvidarte. No sólo alzando la palabra,
sino de raíz. Quiero olvidarlo todo. El olvido quizá sea la mejor cura frente
a lo sórdido, frente a las tantas ausencias, a las dudas, a los imposibles.
Así ya no habrá disfraz y podré tocar cualquier puerta.
De pronto se bifurcan las cárceles como caminos, la opresión de nuestro tiempo
es también un ghetto, no una ficción de Kafka, ni una paradoja de Zenón.
Al trasluz de las tantas conspiraciones, el retablo de las moscas de la tristeza.
A la noche, los mercaderes de la bruma en medio de esa ventana del horizonte.
Déjame olvidarte aceitando mis alas con un mar perfumado de futuro.
Barataria, 24.XI.2015