jueves, 3 de diciembre de 2015

ESTADO DE LA DERIVA

Imagen cogida de la red




ESTADO DE LA DERIVA



Vamos amarrados con los brazos del aguacero en la piel. Los largos cementerios 
de la noche anidan en el pecho: uno no sabe si saltar el cerco
de piedra, o darle un puntapié a la hojarasca, a esta soledad con ojos
de contemplación, a las tantas alambradas resonando en las sienes.
—Vos, después de todo lo sabés cuando la boca se ha tornado huracán, también
cuando las aguas nos desintegran sin explicaciones de nada.
Llueve el sonambulismo sobre los techos desparramados y desafiantes.
A ratos personificamos el humo o las ventanas.
Maquinamos debajo de cada cobija, el tren del oleaje y sus rieles y en ese éter
sumergido en el hervor, la otra página del designio: caminamos sobre caballos
de aguas multiplicadas, todo lo inundable de los rostros.
Después de las palabras verticales de las manos y el horizonte al borde
del aliento, merecemos existir frente a frente sin miedos, sin escombros.
Es cierto, uno de pronto no se alcanza a ver en plena luz, por eso la oscuridad.
En este viento atroz, uno quisiera unificar todos los sobresaltos, las distancias,
borrar las culpas, o hacerse de la tormenta sorda.
Mis ojos, a más de ya no ser inocentes, con el tiempo se han tornado vulnerables, oscuros como el azogue, distraídos como los destellos pausados
de las luciérnagas. (A partir de la sed, la invención mágica del pecado:
la cadencia del aire me dice cuando vienes o la simple flama del candil;
solo desnudando las palabras soy capaz de conocer la libertad.)
Barataria, 22.XI.2015