jueves, 17 de diciembre de 2015

FOTOGRAFÍA DEL DESAMPARO

Fotografía de Gerardo Díaz Luna.




FOTOGRAFÍA DEL DESAMPARO




Duele sin excepción, el infierno en los sentidos, la continua reverencia
al espectáculo, al pez descolorido del diálogo sobre las aceras: resquebrajado
el aire, y los días en medio de los dientes de las sombras.
Crece el árbol de la palabra, solo, desnudo, semejante a la intemperie
y sus aguas milenarias: en el ojo ciego se hunden las gargantas, los dientes
de la tortura y esa noche de ramas como una brazalete en el aliento.
Duelen los sonidos del cuerpo y el eco arrinconado de los pensamientos,
duele el desbalance visible del abismo y la humedad curva de los nichos.
La memoria transcurre y se abre más allá de la hechicería de la penumbra.
(Escucha las horas que viajan detrás de las cortinas y los muros; adelgaza
el espejo pastoso de las ventanas mordiendo la lejanía, descendiendo al frío
que provocan las distancias, a las pulsaciones de la ciudad mientras duerme
el maniquí imprevisible de la vastedad y sus ebrios vómitos de hastío.)
Aquí, los cuerpos calcinados y la zozobra como una escupida en la cara.
Uno camina todos los días mordido por las aceras, anegado de laberintos
y soledad, balbuciente de extrañas mordidas.
A menudo uno quiere abolir el tiempo y despertar en fechas menos confusas.
Me miro de cabeza a pies, mientras me cubre el hollín de la historia.
Ignoro si alguna vez han existido enredaderas en la medianoche, o cuerpos
que no oscurezcan ante el mundo.
Sangra el humo en lo inconsolable de la pesadumbre silenciosa del fuego.
Barataria, 06.XII.2015