lunes, 7 de diciembre de 2015

ÁMBITO DEL NÁUFRAGO

Imagen cogida de la red




ÁMBITO DEL NÁUFRAGO



Después de todo hemos naufragado, sin antes haber llegado a nuestro destino.
Se apolillan todos los eucaliptus y madrecacaos, la piel con sus recuerdos
inútiles, —vos golpeando la tasa de café con el filo del cuchillo, o mordiendo
la orilla de las cucharas como un rumor sobre las piedras donde se erigen
los pulgares de algunas semanas.
En los jardines de la utopía, los canillitas al vapor del tráfico, metiendo
las uñas en el asfalto, hasta el grito sutil de los titulares de primera plana.
Vivimos aquí socavados y entre clavos oxidados. (Todo, sin afeites, parece petrificado; 
los pájaros se pudren en la despensa de las sienes.  A diario, solamente los colmillos 
y las rodillas, el catálogo un poco oscuro de los sueños.
Todo se nos viene en lentas marejadas: el tiempo y su feroz adulterio,
el oscuro canto de un país insaciable. La abnegación por el crimen y su movilidad
hacia puertas y ventanas. Hay focos muertos y panes sofocantes.
Toda nuestra memoria filial ha sido desintegrada; nos bañamos en un guacal
de nitroglicerina sin que podamos enterrar de una vez las disputas.)
Aunque nos aislemos con nuestro propio dolor, nos llega el rumor del polvo
y las colillas, el candil huraño, lejanísimo en la niebla.
—Aunque algunos espulguen las confituras del anfiteatro, y deduzcan
que es mero patetismo, los invito a conocer el menú de esta gran noche,
y a zambullirse en las aspas despiadadas del basalto de estas realidades.
Amén, diría, después de acomodar la boca de inclemencias de mi País.
Barataria, 26.XI.2015