domingo, 13 de diciembre de 2015

DUDOSOS TRANSEÚNTES

Imagen cogida de la red




DUDOSOS TRANSEÚNTES




Desaparecen desperezando escapularios, haciéndole paradas al horizonte
para repetir la historia:  pozos inhabitables de cadáveres, fiebres negras,
brebajes de retorcido estiércol, aquí en la avidez fatal de los caminos.
Aquí sobre la hostia de piedra de la liturgia.
Aquí en la risa esquizofrénica de los azadones, la mutación del paraíso.
(Las extrañas coreografías del viento; erecta la piel de los que jamás resucitan,
en medio de la resina perversa de la brasa que nunca alcanza a la bestia.
No hay que esperar la puesta del sol para que cambie el paraje,
ni escribir una novela policíaca, o creer que todo el mundo se indigna por cada
barbarie que sucede: unos con cierta pedantería quieren sacralizar esto de la violencia estudiando economía criminal. Los gustos siempre son curiosos,
sobre todo en una sociedad de consumo como la nuestra.
La única verdad, —hoy en día— es que nadie muere por arrepentimientos,
o cargos de conciencia. Eso sería una cosa demasiado frívola.)
El horizonte nuestro se ha tornado una estrofa de vidrios y burbujas y dudosos
caminos en los cuales nos muerde el cactus del sonambulismo, la punta nudista
de la carpinterías, o las parábolas de aquel perdurable escudero.
El alfabeto tiembla en los pedazos de dientes y es menos fuerte que las moscas,
más gris que el humo de las equidistancias, remoto como la estrella de sal
en los ojos: los días toman el olor de la madera de los féretros.
En la otredad, los cometas cuelgan de los párpados, simplemente cuelgan
como el descenso de la desnudez en un rascacielos de asfalto, o tierra suelta…
Barataria, 02.XII.2015