lunes, 21 de diciembre de 2015

BAJO LA NIEBLA

Imagen cogida de la red





BAJO LA NIEBLA




¿Acaso es necesario un semáforo de fuego para estos imposibles bajo la niebla
de noviembre? —Lamo sobrecogido todos los cansancios, el goteo cercano
en el que transcurrimos, la leche rancia de las rupturas en los ojos, o la puerta
en la que se detienen las campanas con sus aleluyas.
Siempre la ciudad deja inmóvil las palabras; bajo el cielo, el drama de la luz
y la mochetas lentas del aliento donde el titubeo aletarga los cascos
de la estampida. Soy animal en desbandada, pese a la asfixia de la rigidez
y los miedos, pese al rotundo vejamen del cuerpo.
(Alrededor del ombligo nos devoran las panaderías. Nos perdemos en la mordedura 
del peñasco, en la húmeda lápida de la disputa.
A través de los pasos hemos gastado innumerables zapatos: todas las calles
tienen su propio drama: en esta latitud, por cierto, la esperanza es sólo drama,
o costumbre, o pocilga. Los balbuceos son espesos en la cara.)
La niebla nos inunda en demasía y desmesura.
¿Quién puede con este lenguaje que nos devuelve bocas colmadas de grises?
¿Quién reposa mientras otros buscan lo audible, la risa o la compañía?
¿Será la niebla el paisaje instalado junto a los espejos, el eco de la espuma, el ardor ascendente en la garganta, la sorda lucidez del infinito?
—A menudo los asedios tienen su propio universo. Grita la sed de la urgencia.
Grita el gris despiadado en las pupilas; abrasa su ebria noche.
Allá en lo apagado giran mis ojos como dos cuervos urgentes…
Barataria, 10.XII.2015