viernes, 1 de enero de 2016

EL POETA FRENTE A SU SOMBRA

Imagen cogida de la red





EL POETA FRENTE A SU SOMBRA




Todas las ramas del grito frente a la sombra. Cada imagen de la tierra
detenida en el rostro: en el último juego de la noche, los aleros secretos
de la fronda, o el derruido diluvio de los sueños.
Ante la propia existencia, el desvelo entonces de la piedra y su artificial decoro.
Ante la destrucción, alguien abre las ventanas y deja que el aire rompa
el claroscuro de la memoria. (¿Es la reja impávida, otra sombra?)
Despierto o dormido, uno se encuentra con multitud de universos disfrazados:
es la misma tentación de los trozos amarillos del oficio, y hasta de este
perseverar sin provisiones. (Abismo y sombra es también la página en blanco.)
Quizá, también, el nudo que nos ata el pecho, el alto tejado de la altura.
Hoy es el cuerpo, su sombra, el secreto huracanado de la saliva frente al poeta. 
Uno no se hace indivisible en el hollín o en los armarios, o en el tizne inmemorial 
del infinito, o en el bosque ocupado por el vértigo.
Acrecentada la hoguera no existe palabra alguna en reposo, ni indiferencia.
Alrededor de uno, la sed a media voz, la desnudez implacable de la noche.
En el brocal del paraíso los espejos terrestres del más allá: el cadáver quemado
frente a la desmemoria sorda  de lo irrevocable.
Ignoro si en la línea del tiempo sólo existen absolutos, u otra forma
para evitar la devastación punzante de la salmuera, la calle viscosa de peces,
o el golpeteo de la cruz en el pecho, como un diluvio de aguajes oscuros.
Ante tanta ferocidad, el poeta endurece sus ojeras y extiende los brazos hacia
el infinito. Su sombra es la gota del más allá, la calle del noctámbulo…
Barataria, 18.XII.2015