jueves, 7 de enero de 2016

IMPUREZA DE LOS LÍMITES

Imagen cogida de la red




IMPUREZA DE LOS LÍMITES



A Teresa Moncayo



He olvidado ciertos nombres: al amanecer bajo las ventanas desaparecen
los abismos, y el cáustico silencio de los ardimientos nocturnos.
Luego de detenerme en las astillas de las cunetas, vuelvo a mis párpados negros
y a ciertas heridas húmedas del pensamiento.
Mi memoria es sólo una sucesión de cuchillos abandonados, vacíos de luz
y húmedos de herrumbre: siempre acabo de extraviarme cuando me arrimo
a los nombres despiertos del frío y los ojos. En la calle me despierta el gran
cementerio en que se ha convertido la ciudad,
el amor desconocido por sus impurezas, el cuerpo oscuro de la mujer quemada
sin que se escuche su espíritu, los trenes calcificados, el país de la huida.
Supongo que en algún lugar todavía existe luz, el sonido de la hierba en medio
de las axilas y hasta la sospecha que vuelve impuros todos los límites.
La vida nos cierra ventanas, puertas y zaguanes, semanas enteras de tortura.
Nos persigue la ira como una bandera ardida en la desdicha.
En mi silencio, las palabras, —una a una—, han sido sustituidas por lápidas.
La tormenta no nos deja un ámbito limpio de purezas, sino esta lepra
de podridos sarcófagos, este abandono donde es patente el quejido.
Llevamos un luto de cántaros y de rocío.
¿Quién excava donde fueron enterradas las ventanas y el tiempo extenuado?
En mi soledad toda la almádana de la mordaza, la piel machacada, adentro
de los nichos. Sueño en silencio como una página de sombras.
Barataria, 24.XII.2015