lunes, 11 de enero de 2016

PAUSA

Imagen cogida de la red




PAUSA




Llenos de ligeras auroras, los puertos y los transeúntes, van o vienen con fiebre
en los ojos, circundantes al pez que bracea en la memoria los días incandescentes, 
el arrebato inédito del minuto.
—Vos, audible en la tapicería de mis poros, en el lenguaje que emana del ojo,
en el retumbo de la carne del cierzo.
Tan cierta como el jardín imaginario de calles carentes de cansancios.
En el fragor de nuestros miembros, el cuaderno clandestino consume la brasa
apretada de la hoguera: la única facción es el agua sobre los espejos.
El destino, —supongo—, es esta forma de inventar ficciones ininterrumpidas;
conspirar, junto a la alegría, crepitar en el torrente de las fumarolas.
Sobre el musgo insomne, el humus reinstalado del origen, los gozos ahogados
del infinito y la cuesta arriba de las absoluciones.
El tiempo por suerte es redondo: la sombra vertical entre tus manos, bebe
los vientos y sus distancias, el vino quemado en la faena. El loco hocico del ala
y el hambre de insurrección sin borrar huellas.
—Vos tan cierta que terminás siendo mi congoja. Tan cierta como este cariño
que le tengo a las ramas de la noche, pero también al aire, a los pájaros
cálidos que compartimos en este vivir desde los ojos…
En el hervor erguido del aliento, la vasta sombra envolviendo los límites.
Hablamos siempre de la sed, mientras trazamos las líneas de la geometría: 
después del diluvio cualquier quemadura es un libro con índice onomástico.
Barataria, 28.XII.2015