martes, 21 de octubre de 2014

CULTURA DE LA ASFIXIA

Imagen de Ygor Amilkovic




CULTURA DE LA ASFIXIA




Después, el silencio como una respiración sin cuerpo que crece desde la noche
hasta la noche: en la garganta, el polvo encorvado de los propios recuerdos.
Entre los discursos, prefiero el cansancio de los bares (hay ciertos clisés
que son eso: clisé, artificio, perogrullada.) Prefiero los purgantes y la vida mortuoria de la miseria, las riñas callejeras de los perros
y esas extrañas perversiones que produce la evocación a los tantos sinsentido
de los improperios.
Me he perdido en los establos y en las perreras.
En los sótanos se libran batallas feroces.
El cansancio despierta en el pálpito de los huesos; vivo, por cierto, en el confín.
Callo. Hay simbolismos de los cuales uno no se puede fiar.

(No me atrevo a eyacular en el desvelo, ni en los canceles de la historia. ¿Quién tiene limpio el aliento después de tantos años perdidos? Aquí perdimos la inocencia y el arcoíris de la primera desnudez. Ondean en su aventura las cucarachas. ¿Fue derrota la soledad que ganamos? Me cimbras el paladar sobre la mesa del ombligo, sangran los trabajos del tiempo. En la piel, el calor ávido de la carne. La herida nos ha amputado todo en lo que creíamos.)
Barataria, 15.X.2014