sábado, 16 de agosto de 2014

ALBEDRÍO

Imagen cogida de la red




ALBEDRÍO




Tras el último despojo del delirio, la orfandad y el recuerdo hacen lo suyo: 
nadie es culpable de la habitación incinerada de las palabras,
del falo sudoroso de la embriaguez, ni de los despropósitos oscilantes
de la hamaca del océano.
Asumo mis propias culpas, el luto de los símbolos.  (Me obligo amanecer junto
a mi cadáver; chirria mi aliento entre la maleza de la sangre.)
Nadie puede salvar los relámpagos después de la acumulación
de tantas noches; sólo yo, en el desierto de mi sombra, imaginando sueños
mutilados, los dibujos oscuros de la puerta, la belleza que se muda sin otra
belleza, (no quiero la eternidad) entre tantos tropezones en ayunas.
¿Cuál es el futuro después de este presente cojo?
—Ya no me verás, sino en tu conciencia, en la sombra que dejan los ungüentos,
quizá en aquel reino de la usura y la chatarra de los itinerarios.
Barataria, 14.VIII.2014