sábado, 21 de noviembre de 2015

ORFANDAD TEMPRANA

Imagen cogida de la red




ORFANDAD TEMPRANA




Mientras ardía en mí, la orfandad temprana, la sombra dura del despojo
y el hambre. Debajo de los cascos del aliento, el principio y el final
al mismo tiempo derribados. Siempre descalzo y desnudo a la orilla del río.
Oscuro el cierzo y los huesos de ávida melancolía.
La vida siempre tiene sus fronteras: yo encontré las mías en la soledad
de la noche, del otro lado de los embarcaderos inhóspitos y los trenes.
Antes siquiera de llegar a la edad del despojo, ya había caminado sin retorno
junto a la miseria. Era como el ave de rapiña ahogada en el entrecejo.
Huyeron entonces todos los pájaros.
Los cuatro costados de la deriva cansados de mis pequeñas manos.
Era miserable el escalofrío asestado en el fonógrafo de mi pecho. Era larga
la súplica que nadie escuchaba, largo el goteo del desvelo.
Busqué cobija en la memoria, en los largos brazos de rieles y durmientes.
Desfallecía en aquella aridez de la certidumbre; era visceral el árbol o la risa
que buscaba, la levadura hundida en el camino, las palabras hechas escombro
en la garganta, la borrasca presentida y repetida.
Oscuro en mi niñez, buscaba la puerta de salida hacia la lejanía.
De aquellos años, todavía guardo el aleteo. Pienso en la zozobra alrededor
de mis palabras, en las negaciones y ausencias, en los pies primeros
que me condujeron a las sastrerías y al propio instante de claridad.
(Hasta que destripé la llaga e hice del horizonte un violín inédito.)
Barataria, 10.XI.2015