miércoles, 25 de noviembre de 2015

ADENTRO LLUEVE

Imagen cogida de paranoicalice.blogspot.com




ADENTRO LLUEVE




La lluvia obediente a la piel, al agua que llueve adentro, llueve  ensanchado
este vacío del vaso pleno que aguarda por el abismo.
Se bifurcan las voces alrededor del cenicero y las colillas a la orilla del dintel.
Desnudo la puerta de la voz y cuelgo del eco los cristales enmohecidos;
al fondo se esparce el cuerpo de la llovizna.
El golpeteo sobre el cuerpo de las ventanas, la boca ardida sobre la terca herida.
No sé a qué abismos pertenezco.
No sé en qué hemistiquio delinque el ápice de la cópula, fértil de alas
y olores, como la avidez mental de la página en blanco.
De pronto el poema es solo el animal que el poeta ha discernido en su frenético
y abisal recorrido por las grietas que hace la neblina.
Mientras baja quintuplicado el paladar, copula la lámpara sus inocencias juntas,
hasta el punto de renovar, esa antigüedad del centelleo.
Acumulados los instantes, el pálpito es artero en la garganta: lo es el tiempo
y la sangre, la pulsación saqueada del subsuelo. Lo es la escritura sin bisagras,
o el prensapapel siempre justo en el sigilo.
Lo es el semen en sus distintos apéndices y glosarios y pistolitas de agua.
En realidad, una tormenta, o esa hermosura de llorar, es un reptil a puerta
abierta, o un anillo donde da vueltas incesantes el espíritu.
Siempre estoy en ese otro cielo frío de la otredad: tropiezo con trocitos
de analgésicos todos los días. En la fosa de la noche, el útero negro del perro
que muerde las sombras de piedra de la ciudad…
Barataria, 15.XI.2015