martes, 3 de noviembre de 2015

ITINERARIOS ENCEGUECIDOS

Imagen cogida de la red




ITINERARIOS ENCEGUECIDOS




Ya he pasado por diversos lugares enceguecidos y mordido la nostalgia
y los despojos, todos tienen atrios y furiosos escapularios, leves peces
de irreverencia, caducos sexos de mercado, tumultuosas tombillas de verduras,
candiles precarios sobre la piladera del brebaje.
En todos los lugares aúlla el pájaro roto de las estaciones.
Palidece la alforja que sostiene las entrañas, lascivo el sombrero y su cuerpo
de yute, turbios los pastizales ebrios de las guitarras, el mugido sordo
de los sueños sobre la mosca tullida de la piedra bautismal.
También los itinerarios están colmados de infamias: hay anillos putrefactos
a la orilla de los sueños, coros de nubes derramados en los andenes,
portales de sombríos fuegos y botas.
Uno no sabe si del grifo fatídico de la muerte, devienen los días roncos
del aliento, los días de velámenes y antorchas, las sastrerías y el aleteo sublime
de los prostíbulos, esta nostalgia por el ijar de las campanas.
Ante el lecho mórbido, los analgésicos necesarios para socavar la noche.
Uno zarpa junto a la bitácora de los adioses, pero es incierto el médano:
el espejismo como los ecos se tornan imperceptibles, arde la salmuera
de los días privados de luz, el cuervo de kerosene en la palma de las manos.
Roída la carne entre cielo y tierra, adolorido el aliento, podrido el frío,
no nos queda sino el duro espejo de los meses de este pánico cotidiano,
la metamorfosis de la piedad, difícil en la piel y los dientes del país…
Barataria, 25.X.2015