lunes, 27 de abril de 2015

INFANCIA CON FÉRETROS

Imagen cogida de la red




INFANCIA CON FÉRETROS




Yo sé de sus muecas y de sus vacíos interminables. Sé de los cuchillos callados
de la noche, mordiendo sin pudor el rostro silencioso de la infancia.
En la sangre corren las estaciones y el árbol de la respiración a merced
de las sustancias del miedo.
Sólo puedo decir que uno se desploma ante tanta hostilidad de muladares:
pagamos tan alto precio para vivir que nos olvidamos del frío
y sus uñas abiertas; nos olvidamos de la vida ante la muerte petrificada.
(De pronto somos la metamorfosis de respiraciones ajenas, la vemos tatuada
en el espejo de nuestra conciencia, aunque tengamos noción del suicida.
Siempre resulta grotesco el aliento en la inmovilidad ebria del granito.
En la plegaria de los féretros, la infancia vencida de las alas.)
Esta medianoche de jaula y vigilia, nos mantiene en una alegría prohibida;
amordaza hasta los últimos rincones de los huesos.
¿En qué lejanos sueños, éstos no están en manos de anticuarios?
¿Qué nombres debemos invocar, hoy, frente a tanta herida, frente al candado
mudo de la orfandad y la intemperie?
La razón de esta fiebre no debería tener pretextos, ni llenar los ojos de sal,
sino de barcos y trenes y alas. (No puede haber olvido en presencia de la luz.)
Caminamos, por cierto, pero a nuestra espalda, viene el aliento de la muerte.
Barataria, 20.IV.2015