jueves, 20 de octubre de 2016

REPLICA DE LO IRREMEDIABLE

Imagen cogida de la red





REPLICA DE LO IRREMEDIABLE




Las horas repiten los aires de la muerte. La posteridad quizá también
tenga que hacer sus propias hazañas: en el ojo nunca se acaban los olvidos,
ni esa vivificación de la tormenta.
Como ayer, hemos heredado huesos y espacios de adustos guijarros.
Babea el pájaro antiguo en el dintel de las ventanas.
Sobre la impaciencia, la fila de voces secas, la respiración de ataúdes
y nunca el aliento redimido de las palabras,
retorna el invierno de las heridas y sus declives, los caminos son más hostiles
en los calendarios sucios de las paredes, en la línea húmeda que desciende
de la voz, o del puñado de polvo que acumulan los dinteles.
Los abismos de hoy crujen igual que las tormentas del ayer, igual que las jaulas 
del fuego, bocas con ojeras en el pantano de la memoria.
La misma oscuridad se arrastra en las sábanas, destila aguas como lluvia
en gotero, respira justo en la orilla de los hilvanes.
De cada penumbra de espinas, el musgo subterráneo de los relojes,
almácigo de alientos soterrados, cuerpos que nunca vuelven a la luz.
Alguien tiene que arrodillarse siempre frente a sus pesadillas: los miedos
al parecer poseen esa lógica irreversible: son ciertos como los ahogos.
Uno puede, mientras tanto, seguir sangrando toda la locura
de los coros del púlpito, y morder su propia tristeza.
Cada cierto tiempo se abren los mismos abismos del alma, germina
lo inenarrable, el dorso empuñado de los rincones, los ayunos a ciegas.
Barataria, 18.VIII.2016