viernes, 14 de octubre de 2016

FLUIR DEL ENTRESUEÑO

Imagen cogida de la red





FLUIR DEL ENTRESUEÑO




En medio de los médanos del paladar, la conciencia anulada por el desvelo.
¿Qué árbol de polvo se enreda en el aliento?
¿Qué herrumbres nos amanecen en el matorral de la salmuera, en el golpe inasible 
que nos da el tiempo?
Durante todos estos años, la penuria, los silogismos caducos de la sed,
los colores invertidos de la respiración, el grito de soledad de los proverbios,
esa siempre explosiva fugacidad de las mañanas.
Nadie duerme sin embargo con tantas grietas en la conciencia:
nadie cuando uno anticipa la noche y sus adustos huéspedes, la sombra
y el desvelo del granito, la humareda de mortajas y sus respetivos agobios.
Una mano invisible nos revela la rebelión de la oscuridad.
La ceniza nos recuerda el entresueño del hervor, la oscura llama del soplo,
algunos espejos colmados de bruma,
o tal vez aquella lejanía junto a los matorrales de la infancia.
Desde siempre hay extravíos en el pez de los relojes y su teoría de rotaciones.
Quemo el eco de caballos al galope para quedarme en un resquicio.
Existe una edad anónima, ésa de la sangre sin horarios.
En un punto de las humedades furtivas, alguien tiñe de ansias la desnudez.
(En momentos furtivos son abundantes las monedas de la obstinación;
recuerdo el roce del petate en el frío, las lluvias quemadas en la boca,
los ruidos fingidos que emergen de la oscuridad, la rosa de piedra del abandono,
o acaso la brizna sobre las criptas huecas del murmullo)…
Barataria, 12.VIII.2016