miércoles, 24 de agosto de 2016

SOMBRA SOBRE EL MURO

Imagen cogida de la red





SOMBRA SOBRE EL MURO




En el proverbio del pétalo mustio, las astillas de luz que agonizan en medio
del ruido de los horcones mortuorios del cansancio.
Uno puede entender todas las furias de los sombreros rotos sobre el hollín
que ha ido acumulando la sombra del muro de adobes desgastados.
No hay ventanas. A la media luz, las señales de la caligrafía y su calabozo frío,
y su amarilla piel de quinqué, o de rama de ocote.
Dentro del nido de saliva de las ondulaciones desabridas de las semanas,
las espinas se arman de obligadas miradas: ¿Quién puede meterse
en el corazón y desde allí entender la hoja que nos muerde y traspasa con sus fieros candelabros el aliento borroso de los tantos que han cruzado la noche?
(En los pies entumecidos de la tinta, la completa desfiguración de los dedos;
Junto al caballo del resuello le tiro puchitos de humedad a las paredes embotadas de sombras, a los ojos que atraviesan los torbellinos de la lengua.
Usted sabe cuándo quedan rígidas las ojeras.
Uno agarra el látigo de los caminos, mientras la coz de la piedra entra al pecho;
luego uno ve el puñado de peldaños que tiene el polvo más allá de las rodillas.
Uno, al final, piensa que sólo son palabras necesarias e inocuas.
Pero allí se hunde el tiempo de rodillas, se hunde la boca antes de pronunciar 
una palabra: como en cama de madera, mis huesos impacientes.)
Uno mira al horizonte en procura de una brisa que perfore los umbrales ciegos
de tanto ojo mortuorio e indiferente. Las huidas son una eternidad.
Me sorprenden los kilómetros de ataúdes abandonados. ¿A quién le creo?
La lluvia siempre acaba siendo conmovedora, presentida en su carpintería…
No hay brújula. Deambulamos entre los muertos, como otros personajes.
Pero hay que concentrarse, de seguro, en el más allá sin hacer reproches…
Barataria, 26.VI.2016