domingo, 14 de agosto de 2016

CUADERNO DIURNO

Imagen cogida de la red





CUADERNO DIURNO



Para Pere Bessó, amigo entrañable




Además de la piel y los guijarros, llevamos gastados varios puentes de tinta,
y volcanes de centenarios cansancios, y  candados en la boca de anteayeres
que aún perviven en el camino de filo de las uñas.
Parece que las palabras saben más que el juego de los niños en el patio
del juelgo: uno sueña con todo ese puñado de sombreros que nos trae el cierzo,
diminutos surcos de tinta abriéndose ante  aquella ventana del frío,
altos techos de ternura en la urgente locura del viento.
Yo, en la carpintería del poema, en ese cuaderno no incinerado de la madera,
en el follaje de la hoja de otoño de mi pellejo,
sobre este galope de niebla mordiendo el orgullo nacional, ese otro mundo
que desmesura mis sienes como el galope de caminos en la memoria,
como el hambre confesa pernoctando sobre las espinas.
Ya me he acostumbrado a rehabilitarme de las incógnitas, de los filmes
que engendra la noche. Siempre he estado preparado para partir.
Supongo que la oscuridad ha endurecido mi camino, en el pie, sin embargo,
el regocijo que provee el silencio, años de calles y sastrerías,
acaso úteros de amarillos sangrientos, acaso niños como yo, torcidos
por el ojo del infierno. (Arde aquella desnudez revestida de gusanos.
Y sin embargo, aprendí a decir buenos días a los diferentes retratos de las aceras, 
a la ropa común, o a los trajes, a los rincones de la transparencia,
al estornudo oscuro de la escuela y a los azadones del mundo.)
Cuando escribo, allí, la hoja de papel rasguña mi aliento hasta sangrar…
Barataria, 2016