jueves, 21 de abril de 2016

TREN EN VILO

Imagen cogida de francois-corteggiani.over-blog.com





TREN EN VILO




Los rieles hechos de aliento, de olvido, de  recuerdo, de lluvia, de infancia.
Hechos de fuego, de ramas, de chiriviscos. También de abanicos e infinito.
También de relámpagos entre la niebla tallada por el humo.
A través de los sueños, esta voz vieja de la madera de los durmientes.
Salta a la vista, el gemido de la luna entre los cuartones de la melancolía.
El tiempo está enrollado en los innumerables ladrillos del absurdo.
El candil de ayer hace su trabajo de recuerdos: vivo, claro, como un escarabajo polvoriento, especulando sobre los fríos de la noche,
o derritiendo los deseos a la hora del desayuno.
Entreabierto el balcón de los ahogos, el fuego que todavía no entiendo
de la levadura, o la deriva en el cruce de calles de las estaciones.
Frente al espejo pasa la claridad, el viento del tren entre mis dedos…
¿Es demencia cada objeto que salta en el techo de las antípodas?  Zarpa
la mosca implacable sobre los amuletos: esta suerte de tránsito hace más hondo
el vilo de estar aquí, a expensas de tantos imaginarios.
Uno no sabe, por cierto, cuántas mendicidades vacían el tórax.
Hay lugares donde son remotas las gaviotas.
Hay territorios como el de la memoria, de inasibles almohadas y litorales.
Cada quien palpita según la intensidad del paisaje que le rodea.
(Me confieso cómplice de platicar con mis sueños, quizá por los sofocos íntimos 
que auspicia, quizá porque son los que habitan mis espejos.)
Barataria, 24.III.2016