miércoles, 27 de abril de 2016

ALERO DE LA NOCHE

Imagen cogida de mundoesotericoparanormal.com





ALERO DE LA NOCHE




Ladra la noche de los aleros sobre el poyetón de la luna. Camina el aura
de la oscuridad sobre mi pecho. (El vértigo replica su camisa.)
En el acantilado de los párpados, la naturaleza muerta de las mortajas;
el cuchillo gris de la nicotina, o el candil sorbido del musgo por mis ojos  
de amortajadas úlceras: siempre deambulan con sus afonías
los depredadores de alas, el cuentagotas de las linternas de ocote sobre el ojal
descalzo de los espejismos. (Nunca la luz se hizo frotándose uno las manos.)
En los aleros inconclusos de la noche, el mar amarillo del escombro, lento,
como el cuerpo denso de la hojarasca, como la sospecha de un pájaro tragado
por los sueños: vos en la escritura de este río líquido de ojos y memoria.
Salta a la palestra la gramática de la piedra pómez.
En la saliva ahuecada del insomnio, el taller unánime de la yugular y la llovizna
repentina de alfileres. En la reverberación de las cerraduras nada es restañable.
La cobija oscila en medio de las confusiones del sueño.
Quiero un respiro para darle viento a los genitales del zodíaco.
A veces no es sólo la tribu la que aúlla, sino también la grieta del amor póstumo,
la boca en los coágulos del granito, los rieles de fuego que ahogan el aliento.
Uno, ─a fin de cuentas─, se puede hacer tantas preguntas, como caricias hace una 
mosca sobre una cópula muerta.
Pero nadie, nadie,  puede entender este hueco hondo de las ausencias.
En el libro de la tormenta, uno aprende todas las vicisitudes de la noche.
Quien ha caminado lo necesario, sabe dónde está el próximo oasis…
Barataria, 28.III.2016