viernes, 1 de abril de 2016

RAZÓN DE LA MEMORIA

Imagen cogida de la red





RAZÓN DE LA MEMORIA




Juego a los espejos y a perseguir rostros entre las sombras abisales
de la memoria: no existe otra razón sino la del olvido, consumar la lengua derruida 
de los ecos, saltar sobre el vacío.
La muerte del tiempo nos amenaza con todos los desamparos y suicidios
en las calles. (Se pudre el pétalo de sueño sobre la mesa.)
Sobre los ojos petrificados de los paraguas, el vuelo oscuro de las moscas
y el cielo de ceniza sobre las pestañas. (Si existen más razones, lo desconozco.)
A veces, lentamente, nos amordaza el horizonte.
En el jardín deshecho de los embarcaderos, cada quien y a su manera
es náufrago. Los bolsillos picotean silenciosos ataúdes, a la hora de lavar
los pies y la conciencia: uno sabe cuándo han sido violentados los grifos…
Todo es irreparable después de que han sucumbido las lejanías, y el olvido
ha cerrado la garganta de los muros y la niebla.
Existen razones para limpiar la oscuridad de las tapicerías.
Dondequiera hay jaulas y huesecillos para distraer a perros. (Voy a donde nadie 
me contagie de nostalgias, para no sentarme junto al coágulo de la pesadumbre.)  
En cada almohada tirita el reloj del pálpito.
Mañana, —por cierto—, será sombra el vegetal del alfabeto.
Cada vez vacío mi memoria para que pesen menos las banderas.
En ese afán de recordar u olvidar, se desmiente el hilo afiebrado del humo:
en los costados, los vagones desnudos de los trenes y el ala del calendario.
Barataria, 2016