lunes, 18 de abril de 2016

FALSOS EQUILIBRIOS

Imagen cogida de la red





FALSOS EQUILIBRIOS




Todo el tiempo allí, el ojo y sus falsos equilibrios: uno no sabe en qué filos 
de ásperos durmientes, guarda el aliento su entero destello.
Alrededor envejecen los vacíos seculares de los espejos y sus sombras.
En una geografía indefensa, las alucinaciones son parte del festín de las aceras.
El país cruje con toda la ropa de sal y cementerios con que se viste.
En cada discurso o noticia uno anticipa ardientes cópulas de ceniza: las grietas 
son hondas a tal punto que las cárcavas naturales resultan inexplicables.
Frente a nuestros ojos, se desploman cada día los durmientes de la muerte,
y la gangrena que ha tatuado la noche.
Todas las semanas olemos a ijillo con los cadáveres desconocidos ante los ojos 
nuestros, tallados en la cocina doméstica de nuestra ritualidad.
Esta lluvia fúnebre nos lleva por caminos más distantes al pálpito: agrios 
candelabros, reverberan en el salmo, o en la parábola de la memoria.
La esperanza a ciegas hace comestible cualquier patraña: veo los muñones 
erguidos en los muros, la tinta hirviente como siniestra carcajada.
Sobre la mesa, masticamos ─por supuesto─, esos rayitos de luz que escapan
de la publicidad con cierta voracidad inextinguible.
(Uno sabe, al escarbar, que hay manos en otras manos; y que frente al desalojo,
no existen explicaciones sobrenaturales, sino máscaras, y convidados para castrar desvanes, y espíritus animosos que les gusta vivir de la oscuridad.)
Las doctrinas que explican la desnudez nuestra, por cierto, han fracasado…
Barataria, 21.III.2016