jueves, 1 de octubre de 2015

HORAS INÚTILES

Imagen cogida del blog desdemisojos.org




HORAS INÚTILES




Ante los rincones destrozados de la memoria, la monotonía de estos días
inútiles, y la consecuente herrumbre sobre los cuerpos enajenados.
Los antifaces tienen su propia liturgia, así como sombras y vértigos inexplicables, 
como los vacíos al límite de la medianoche.
En el óxido sinuoso de las semanas, esta bestialidad de bocas precipitadas,
el amor y los agujeros que provoca: hay nombres que nos invitan al exterminio,
a la envidia y a las paredes obscenas de la ciudad que chorrea en nuestros
dientes, como otro centavo enmugrecido en el pavimento.
¿Quiénes son los mártires en esta intensidad de rostros confusos y feroces?
¿Hacia qué indiferencia palpitan las horas?
Surgen coágulos por doquier. A menudo me resulta confuso un mundo feliz.
Una sola mirada puede petrificar las heridas o la desnudez.
Un solo eco se torna implacable alrededor de los perros que deambulan
en el alba y se mean sobre ella.
(Detrás de tantos fantasmas y prostíbulos exaspera la seudomoral y la falsa
sensatez; todas estas horas tienen ojo de cíclope.
Nada es invisible aunque las moscas se escondan detrás de los jardines.
Gotea la mancha amarilla del aliento, o el cosquilleo del ciprés mordiendo
el ojal abierto de lo sórdido. Después el mundo, sólo de las huellas.
—Nosotros, los que vivimos siempre al límite, no tenemos muro que preserve
la intimidad; estamos a merced de la ceniza floreciente.)
Si alguien duda, —deberá como pueda— escapar del fuego…
Barataria, 23.IX.2015