miércoles, 21 de octubre de 2015

ORILLA DE LA TRISTEZA

Imagen cogida de la red


ORILLA DE LA TRISTEZA




Animal de medianoche, lúgubre en la espiga de la tristeza, nombre apenas
en el paraje de los ecos: sobre las páginas oscuras del escombro.
Animal de sombras hendidas en el último día del trino. (Infancia desnuda
del presentimiento; implacable el polvo que se adentra en el pecho.)
Animal de laberintos dentro de los ecos castrados del mundo.
Animal de todos los días bajo este cielo infinito donde brama la memoria.
Uno aprende que la promiscuidad es también cosa de baratijas.
Me invade una tristeza de cuatro paredes: la escritura, a menudo, agrieta
los adobes de las paredes y el matorral del aliento, los duendes exhalados
desde el pozo ciego de la quimera empapada de hojerío.
A veces huyo de ciertas conversaciones, huyo de ciertas bocas y de la materia
fecal, del polvo sin desagües, o del simple cuchicheo de atriles.
Todas las épocas de mi escritura han sido difíciles: no faltan gargantas atroces,
ni filosas nieblas. Nunca la inocencia. Es latente el promontorio de barbarie.
Así es este oficio hasta que alguien gasta toda su dentadura.
Un charco de tinta es mi escritura: ahí, enciende el invierno sus luces verdes,
y se evaporan los olores desleales, la perversidad y lo abominable.
Cruzo a diario los candados del miedo. Purifico intemperies: abro los ojos.
Yo escribo, entonces, disperso en cada centímetro de miradas y espectros.
(Vos lo sabés allá en tu negra hoguera. Sí, en los olores destejidos
del escarabajo, en la telaraña de los silogismos, o en los ecos grises de este país 
moribundo, en el complejo de culpa del retrete.)
Vos lo sabes cuando el líquido seminal se va a través de las alcantarillas…
Barataria, 11.X.2015