sábado, 27 de junio de 2015

PÁJARO ÚLTIMO

Imagen cogida de la red




PÁJARO ÚLTIMO




El desvelo crece en el pájaro último que canta en medio de la bruma.
Ya son insuficientes las palabras para tanta penumbra, mengua la luz, pero
prevalece el absurdo con ese anfiteatro de lamparita de noche.
En el pez del sueño, la eternidad descifra la voz lisa del bambú cifrada
en los ojos donde galopan castrados los sueños.
(Siempre es difícil pensar la última habitación de los deseos, la última boca
en ruinas, la camisa disparatada de los sordomudos, el quinqué del agobio
en la lección de los féretros. Acorralado ya, uno deja cosas colgando del umbral:
sábanas, incendios, y cuerpos que crecieron junto al júbilo o al desamor.
Quizá en la vastedad de las horas, y el presentimiento escuche cantar al pájaro
con su infinita ternura.)
De pronto, los vitrales, no son sino rastrojos de magulladas voces.
De pronto, las distancias tienen apenas el tamaño de un féretro.
No existe remedio, después de todo, para curar los espejismos que entran
al pabilo de la noche. Rota la oscuridad en mis zapatos y mis sienes.
Golpeo las llaves contra el pavimento, sobre el granito fragmentos de aleteo.
Descorre el humillo de las velas como un centinela imposible.
Siempre es atroz el coagulo de sal que resbala sobre las mejillas: uno pierde
la voz debajo de la nostalgia.
Entre el guijarro y la hojarasca, otro destierro más hondo: clavo, martillo
y madera, son ahora el trino y el paisaje y el yo descalzo…
Barataria, 23.VI.2015