miércoles, 3 de junio de 2015

HAY CALLES

Image cogida de diario1.com




HAY CALLES




San Salvador y sus suburbios: la gris belleza de la emoción se apodera
de las calles; (no creo en el “folclorismo a ultranza”, ni en el papiloma
en la garganta de niños recién nacidos, ni en ciertas  mentiras organizadas
desde un país que no existe. No creo en la purificación de lápidas.
No creo en los altos monumentos fabricados con argamasa y palabras bonitas.
Tampoco creo en las paredes decoradas con esquirlas y saliva.)
Tengo adustos huesos en mi garganta y camisas mortuorias en mi cuerpo.
Hay tantos comerciantes en las aceras, que el hambre se viste de mediodía.
Hay lugares parapléjicos por todas partes. Y estantes de erróneo domingo:
hay chatarra, bisutería, basura e inocentes abismos hasta copar el infinito.
Hay manos dentro de otras manos que irrumpen en la mesa.
Hay bocas, allí, desesperadas en las alcantarillas y muñones de brazos
como extraña ceniza y periódicos comestibles de melancolía y frutas hostiles.
Hay estómagos vacíos en calles llenas de tiliches y gotas de despojo en el sueño.
Hay verjas que se asoman a los ojos desde siniestros atrios y camándulas.
El tiempo se agrieta en la impudicia de los cuchillos, en la servilleta oscura
de la tortilla, en la demanda y la oferta de los intestinos.
Hay llaves sucias  y limpias para abrir el cofre de la patria: siempre es  extraña
la sombra de la alevosía, la ciudad y sus gritos sordos, los chunches envueltos
en harapos, la boca en el grifo consuetudinario del humo.
Rumbo al desagüe de aguas negras el vestuario de los secretos.
En las razones que tiene el infierno, no hace falta la ebriedad de las plegarias.
Barataria, 31.V.2015