lunes, 1 de junio de 2015

FISURAS

Imagen cogida de la red




FISURAS




Gasté toda la respiración en el alba agonizante de las palabras: los huesos oscuros 
de la irrealidad, suscitan destinatarios inminentes, preguntas
desnudas como los muelles en las madrugadas. O los destazaderos de reses.
Las fisuras bien pueden ser sinónimos de este paisaje roto que vivimos.
(A veces quiero enterrar todas estas figurillas de barro en la bruma; olvidarme
de la rabia del mundo y su drama, legitimar la tumba en las nuevas cavernas,
cambiar de nombre los sueños,
atravesar los adioses de la desesperación como un pájaro.
Suelto el desvarío todo sabe a impunidad; juega lo inasible en la tormenta.)
Aquí o allá, los ataúdes inacabables de las horas: la mosca o la espina
en el pecho, emolumentos fúnebres de los días, la lengua exasperada sobre
las baldosas, o el remoto escapulario sin hostia.
Tanta sombra desconocida reverbera en la memoria, puntos de partida
indecisos, insaciables bocas de cuchillos, ávidas bestias sin vehemencia alguna,
que de pronto la oscuridad se tornó oficio de alquimistas,
inspiración obscena de todos los días, alimento vital para la muerte.
Uno no sabe ya, de  cuáles aguas hay que beber, ni qué candil ilumina
las impudicias, ni qué retoños seguirán en esta salobre prehistoria.
Es terrible caminar centímetros de hiel, de vísceras y hedor.
Ha muerto la verdad. Ahora gozamos la catástrofe junto con ciertas lealtades.
Gozamos el misterio ecuménico con ciertas fisuras seminales de alcantarilla.
Barataria, 29.V.2015