miércoles, 25 de marzo de 2015

SILENCIO

Imagen cogida de la red




SILENCIO




ese silencio -el mismo- que finalmente queda
cuando con una escoba primera aparto los senderos.
Vicente Aleixandre




Aquí, sólo el callado mar de los ecos. La noche del día cercana a mis párpados.
Aquí, las esquinas furibundas de las hojas y el ijar derramado de la sombra.
Siempre es así cuando la garganta transcurre en el pájaro y la tierra muerde
mis zapatos. La tierra, digo, el azogue en los párpados.
Calla el colibrí dolido de tiempo.
Las poleas del viento golpean la brasa de la piedra. Parece sombra enceguecida
la lluvia que no cesa en la boca del infinito. Digo silencio para quemar
mis costados, —en la boca, el silencio como armadura resguardada, como arado
en las acequias del galope. (Lejos el destello ronco y amargo.)
Ahora, la noche y el día duran en mi olfato. (Pasa el oficio del río sin detenerse nunca, sin detenerse la puerta o la ventana, lenguaje infinito del ojo.)
Tiene forma de barba olvidada: no se oye el mar cuando atraviesa el litoral
de espinas, ni el cielo azotado por tantas furias, ni lo inmenso de la altura.
Este silencio solo, indeleble.
Mi viaje perdido en la noche del tiempo, entre herradura desnuda y páramo.
En el fermento, florece la ropa y la  voz, sube a la aurora.
Es este silencio la rama simétrica del bosque: sobre el infinito la memoria total
de la intemperie. Este silencio solo que se abre a la meditación…
Barataria, 14.III.2015