martes, 17 de marzo de 2015

MURMULLO DEL BARRO

Imagen cogida de ojodigital.com




MURMULLO DEL BARRO




En las manos deshacemos el hollín que aún queda del murmullo de barro
en la entraña.  La memoria excava los días soleados de la puerta.
El mundo, todo, a menudo se inclina por la losa (vos y yo, amamos esta materia 
que nos forma con sus vigilias y esperma; en el cuerpo habitan todos
los fuegos y todos los cadáveres, el asco, los huesos, el vacío.
En la cópula del sueño, todas las paranoias de la ebriedad posible: la lengua
es otro erial que golpea la asfixia.)
Venimos de esas edades extrañas de la supervivencia: el tiempo ha alardeado
con su humareda, pero también los centímetros de horizonte en los pies.
Frágiles, nos desnuda la gota de cierzo y la tempestad condenada a polvo.
¿Caben en el ojo tantos adioses, crujidos y vestiduras errantes?
Siempre desnudos ante el reflector de la tierra.
Quizá las puertas un día sólo sean vestigio de la polilla, bocas sofocantes.
Afuera, alguien masturba los infiernos o viceversa.
Ciego, como la habitación ciega del barro, pasa de largo lo abyecto.
Ciego en el absoluto de lo inmundo, los días de ruptura y desarraigo: la tierra
es confusa en los brazos: camino sólo para no hacer el ridículo.
Alguien después de todo, sobrevivirá a todas estas tempestades de la utopía.
Barataria, 06.III.2015