sábado, 31 de mayo de 2014

DIALECTO

Imagen cogida de la red




DIALECTO




Vuelvo al eco y a la querencia de aquella edad perdida. El pájaro del tiempo
y las calles me persiguen: ventanas, puertas, muelles y zapatos —embarcaderos
de la misma lluvia del extravío.
Al menos hoy, ya conozco la esquina profética de la miseria, las paradojas
que conlleva reír o tener hambre, la indiferencia de los pechos contritos,
esta suerte infinita de las distancias.
(En el tránsito, uno aprende a sobrevolar sobre los discursos y a reinventarse
desde la ciénaga de la noche. El mejor antídoto es desaparecer
de esas largas filas de la impaciencia.)
Más allá de los paroxismos, cada quien tiene su propia recompensa.
Barataria, 19.V.2014