viernes, 5 de febrero de 2016

EN LA SOMBRA CALLA EL SILENCIO

Imagen cogida de la red




EN LA SOMBRA CALLA EL SILENCIO




En la sombra calla el silencio, el ojo estremecido de la brasa entre los dedos.
Hay cierta mezcla de fondos telúricos en las sombras: voces atónitas,
y amnésicas como charcos con estertor de cicatrices sobre los andenes diarios
de este extremo precipicio.
Muchos se esconden tras la obscenidad de los bostezos. A veces nos parece
tierna la carcoma de nuestro destino, los titiriteros de nubes otoñales
con ojeras, ciertas confidencias carentes de policromía.
Ante el encuentro con ciertas sombras, uno tiene que acoplarse al espejismo.
Cuando hablo de laberintos me refiero a ese viaje de flechas de todos los días.
Siempre el desvelo nos llega hasta los pies y carece de buenas costumbres.
Dispersas las espinas, nos toca lamer las estaciones en silencio:
evadir los dedos del viento, morder la brea de la noche antes de que nos consuma, cederle a la ceniza su galope desgreñado…
(No hay manera de juntar todas las ventanas idas; aun la ternura, de pronto,   
es endeble, un lugar para la soledad y el silencio. Quizá para abandonarse uno.
Quizá como todas las aguas afónicas de la lejanía,
quizá un ancla de la cual cuelgan sosegados sollozos o confiados interiores
ya en despojo de ecos y fuegos.)
Ahora las palabras también dicen lo que las alas hacen.
Sobre la sombra donde transitan tantos relojes, en marcha el camino, perdura
acaso,  la imagen del absurdo, o sólo el bullir del fuego consumido…
Barataria, 17.I.2016