jueves, 18 de febrero de 2016

DIARIO DE SOMBRAS

Imagen cogida de elacontecer.com.uy





DIARIO DE SOMBRAS




En este diario de sombras, cansada la tinta de tantas postas y cascos.
Rotas las sombras de las reminiscencias, surgen de nuevo los ojos en el pájaro
de tinta del tiempo: en el hilo del cierzo, desenrosco el horizonte hasta
desnudarlo en mis manos.
Siempre los días, —sin excepción— me ofrecen fosforescencias desteñidas,
o crónicas de entrañas rotas, o las viejas muertes del paisaje.
(Vos como el chorrito de agua que agujerea las ventanas); —sí, de pronto
resbala la gota del fermento sobre la inminente pupila de la página.
En la página húmeda también los ojos se convierten en sombras galopantes.
Hundo mi escritura en el aliento presentido: en las afueras, dispersos,
calcinados, el principio y el fin de la boca en su martirio.
Después de tantos nombres, uno fecunda la memoria de muertos y destinos.
Toda la gota del presagio esculpió exhaustos durmientes y rieles.
No es extraño que al pie de la arcilla sangren los brazos junto al cántaro roto
del alba: las sombras arden en el fuego de las manos.
Ahora resucito sin ungüentos, después de sumergirme en el pecho de la tierra,
después de asir la cerradura del espejismo en medio de tanto alboroto.
De la mano de la memoria, la caligrafía profética, aunque resulte extraña
su vestidura, al igual que la dimensión de paraíso que perdimos.
En todo caso, y sin vigilias resisto a mi propia escritura: sé, por convicción,
que el ojo, a menudo, es otra sombra de desiertos…
Barataria, 2016