jueves, 24 de septiembre de 2015

ÍNTIMA JORNADA

Imagen cogida de la red



ÍNTIMA JORNADA




Todavía en el pozo de la noche, quiero olvidar este tiempo de cementerios
y tumbas;  olvidar, por ejemplo, la sombra que se adentra en la cueva del ojo,
toda esta prehistoria de raptos y tortura.
¿En qué círculos de sueños nos desvela el futuro, ese ruido chuña
de los cuervos, el reencuentro con la vida y sus destellos. Después de este
crujir de cuchillos y pólvora, cuántas dolencias más debe soportar la herida,
nuestra condición humana frente al mal de conciencia.
En realidad, uno camina mudo y ciego, no se sabe quién es el  enemigo,
ni en qué lugar el miedo hará su tarea.
Permeado todo el corazón del alba y el cierzo, tampoco nos sirven de resguardo
las cornisas, el maizal, el nudo de los escombros. La muerte siempre resulta
audaz en un país de ciegos. Ante cada ruina masticamos piedras.
No hay tiempo para leer la tersura de los alelíes.
No hay tiempo para resucitar vocales, sin que se rompan las ventanas.
No hay tiempo para explicaciones, la realidad ha hecho todo visible.
No hay quietud, la desesperación es una locura interminable.
Ante la bruma del espejo, el aliento de los cadáveres, los huecos movedizos
que deja la saliva en los goznes grises de la ciudades.
Hay callejones donde la respiración es otra soledad devorada del absoluto.
Aterido en esta jornada de heces, la inocencia pasa a segundo plano:
Nunca supuse que caminar, era también andar entre breñales…
Barataria, 14.IX.2015